¿40 horas o puro cuento? Senado acelera la reforma laboral que promete más vida y menos explotación... pero hasta 2030
El Senado avanza hacia la aprobación de la reforma constitucional que reduce la jornada laboral máxima a 40 horas semanales
CDMX.- El Senado mexicano acelera la discusión de la reforma que reduce la jornada laboral a 40 horas semanales, un cambio impulsado por Morena y defendido por el secretario del Trabajo, Marath Bolaños, quien enfatizó que el esquema de ocho horas diarias permite organizar cinco días de trabajo, ofreciendo “flexibilidad” a los empleados sin obligar a dos días de descanso fijos. Según Bolaños, esta medida constitucional devuelve tiempo a los trabajadores para su beneficio personal, resultado de amplias consultas con empleadores y especialistas. El coordinador de la Jucopo, Ignacio Mier, confirmó que el dictamen se analizará en comisiones el próximo martes, con posible votación en el pleno a mediados de febrero, beneficiando directamente a 13.5 millones de personas sin recortes salariales.
Sin embargo, la implementación gradual —48 horas en 2026, bajando dos por año hasta 40 en 2030— genera escepticismo: ¿por qué postergar un derecho urgente en un país con una de las jornadas más largas de la OCDE? Críticos en redes y organizaciones laborales argumentan que la “flexibilidad” en los descansos podría abrir puertas a abusos, ya que solo garantiza un día de reposo por cada seis trabajados, y limita las horas extras a 12 semanales con penalizaciones del 200% si se exceden. Aunque el consenso con el sector empresarial es un logro, esta dilación podría diluir el impacto en la productividad y el bienestar, especialmente ante estudios que vinculan jornadas extensas con problemas de salud.
En contexto, esta iniciativa enviada por la presidenta Claudia Sheinbaum retoma demandas históricas de sindicatos, pero enfrenta resistencias de opositores como Movimiento Ciudadano, que exigen aplicación inmediata. Mientras tanto, el debate en X refleja divisiones: unos celebran el paso adelante, otros lo ven como “gato por liebre”. Si se aprueba, México alinearía sus estándares con naciones más equilibradas, aunque el verdadero test será su aplicación en un mercado laboral desigual.



