¡56 mil pesos por candelabro en el Metro! Rubalcava defiende el lujo mientras el sistema se cae a pedazos… y lo destrozan a los días
Candelabros de la estación Hidalgo del Metro costaron 56 mil pesos cada uno
CDMX.- Adrián Rubalcava, director del Metro CDMX, defendió sin rubor la compra de cuatro candelabros “victorianos” en la estación Hidalgo de la Línea 2 que costaron 56 mil pesos cada uno (más de 224 mil en total), mientras el resto de faroles salió en entre 3 y 4 mil pesos. Todo, según él, mediante licitación y con auditorías que garantizan “transparencia”. El pretexto: embellecer la estación para el Mundial 2026. Apenas días después de que Clara Brugada entregara oficialmente las obras de modernización, integrantes de un colectivo trans entraron a las estaciones Hidalgo y Bellas Artes, destruyeron los flamantes candelabros, faroles y cámaras de seguridad recién instalados, y causaron daños en el mobiliario renovado durante su protesta por falta de diálogo con el gobierno capitalino.
Es insultante y grotesco. Mientras el Metro sigue con escaleras eléctricas averiadas, inundaciones recurrentes, fallas constantes y un mantenimiento que deja mucho que desear, el gobierno de la CDMX decide tirar dinero público en adornos ornamentales carísimos que cualquier ferretería ofrece a una fracción del precio… y que ni siquiera duraron antes de ser vandalizados como piñatas. No es solo mal gasto: es cinismo puro y doble desperdicio del erario. Priorizar “lujo” estético para la foto del Mundial sobre seguridad y funcionalidad básica, y luego ver cómo se destruye por protestas que el propio gobierno ignora, revela las verdaderas prioridades de esta administración: el espectáculo vacío, el dispendio disfrazado de modernidad y la ineptitud para resolver lo esencial.
Rubalcava habla de procesos legales, pero una licitación no justifica el despilfarro cuando los ciudadanos viajan a diario en un sistema que clama por inversión real y ahora tendrán que pagar también la reparación de estos “lujos” destruidos. Este “CandelabroGate” no es un error aislado: es el retrato de una clase política que ve el presupuesto público como chequera personal y el Metro como escenario para fotos, mientras los usuarios pagan las consecuencias con un servicio cada vez más precario. Vergüenza.



