Adiós a los sobrecitos de kétchup: la UE acelera su cruzada contra el plástico en bares y restaurantes
La UE pone fecha al adiós definitivo a los sobres de kétchup y mayonesa en bares y restaurantes: entrará en vigor el 12 de agosto de 2026
UE.- La Unión Europea ha confirmado oficialmente la prohibición de los envases monodosis para salsas como kétchup, mayonesa y mostaza en establecimientos hosteleros, una medida que entrará en vigor el 12 de agosto de 2026. Según el Reglamento (UE) 2025/40 sobre envases y residuos de envases (PPWR), bares, restaurantes y hoteles deberán reemplazar estos sobrecitos por formatos reutilizables o dispensadores colectivos para el consumo en sala, con el objetivo de reducir el impacto ambiental de los plásticos de un solo uso. Esta norma, aprobada en diciembre de 2024 y ahora en fase de implementación progresiva hasta 2030, afecta directamente a productos cotidianos como los paquetes de Heinz, promoviendo una hostelería más sostenible pero generando debate sobre su practicidad.
Aunque la iniciativa se enmarca en el Pacto Verde Europeo, que busca cortar drásticamente los residuos plásticos —la UE genera unos 19 millones de toneladas al año, según datos de la Comisión Europea—, críticos argumentan que podría comprometer la higiene y la comodidad. En redes, usuarios y hosteleros expresan preocupación por posibles contaminaciones cruzadas en dispensadores compartidos, especialmente en un contexto post-pandemia donde la individualidad se valora. Fuentes como elEconomista y ABC destacan que la medida no aplica a pedidos para llevar, pero obliga a repensar operaciones en el sector, donde el 40% de los envases plásticos provienen de la alimentación.
Más allá del medio ambiente, esta prohibición podría impulsar innovaciones en embalaje biodegradable, pero también elevar costos para pymes hosteleras, estimados en un 15-20% inicial por adaptaciones, según informes de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT). En un continente que ya ha vetado pajitas y cubiertos desechables, esta es una victoria ecológica, pero plantea si la burocracia bruselense prioriza el planeta sobre la experiencia del consumidor diario. Veremos si el cambio condimenta o amarga las mesas europeas.



