Agentes de USA muertos en Chihuahua no participaron en operativo anti-narco, sólo pasaban por ahí y el Ejército les dio un aventón, dice el fiscal estatal
La tragedia expone la delgada y cuestionable línea entre la supuesta “capacitación” de agentes extranjeros y la verdadera naturaleza de su presencia en las zonas de guerra del narcotráfico en México.
CDMX.— La muerte de los dos agentes federales del gobierno de Estados Unidos en la sierra de Chihuahua ha dejado al descubierto las contradicciones y la opacidad con la que las autoridades manejan la presencia extranjera en zonas de alta conflictividad en México. En una entrevista concedida al periodista Joaquín López-Dóriga, el Fiscal General de Chihuahua, César Gustavo Jáuregui Moreno, ofreció una versión de los hechos que despierta un profundo escepticismo: los agentes estadounidenses fallecidos simplemente habrían recibido un “aventón” para ir al aeropuerto.
Según el relato expuesto durante la entrevista, los agentes adscritos a la embajada de Estados Unidos se encontraban en la región impartiendo cursos de adiestramiento en el manejo de drones. La versión oficial señala que se encontraban a seis horas y media de distancia del megalaboratorio desmantelado en Pinal, en una zona llamada Polanco, y que al coincidir en el camino, el director de investigación les dio un “aventón” para llevarlos al aeropuerto de Chihuahua, donde tomarían un vuelo a las 10 de la mañana. Sin embargo, el convoy sufrió un trágico accidente a las 2 de la madrugada, dejando un saldo de cuatro personas muertas.
La narrativa del “aventón” parece diseñada a medida para desvincular al gobierno estadounidense de operaciones tácticas en suelo mexicano, un tema de alta sensibilidad política. Durante su intervención, Jáuregui Moreno fue tajante para evitar cualquier sospecha de injerencia extranjera directa, afirmando textualmente: “no participaron en nada en este operativo del megalaboratorio ahí en el final. No, señor”. Para sostener su argumento, el fiscal apeló al celo institucional de las fuerzas armadas mexicanas, asegurando: “Incluso yo estoy absolutamente seguro de que si el ejército mexicano hubiera percibido una situación de este tipo, no hubiese participado en el operativo”.
Según el fiscal, el exitoso golpe al narcotráfico fue netamente nacional, señalando que “se realizó únicamente con 40 elementos de la Agencia Estatal de Investigación aproximadamente y 40 elementos de la SEDENA”.
No obstante, el intento de control de daños durante la entrevista exhibió un manejo errático de la información oficial que alcanzó incluso al Ejecutivo Federal. Al tratar de explicar por qué las versiones de las autoridades han chocado entre sí, el fiscal Jáuregui justificó: “Por eso hablé de que la presidenta tenía razón, toda la razón. Lo que pasa es que entonces tampoco le informaron bien”. A esto, sumó una autocrítica sobre el papel de su propia dependencia: “Yo creo que se ha generado confusión por la información como se ha dado por parte de nosotros quizás, pero yo el momento en que informé eran las 10:30 de la mañana. Informé los datos que mía eh en ese momento”.
Aunque el fiscal enfatizó que “existen leyes en este país que precisan muy a detalle cuál es la intervención que pueden tener y qué mecanismos de colaboración podemos tener con gobiernos extranjeros”, el escenario planteado resulta, por decir lo menos, inverosímil.
Que agentes federales estadounidenses terminen muertos en el vehículo de un alto mando de investigación estatal tras un “aventón” en la peligrosa sierra de Chihuahua, justo durante el repliegue o movilización de un megaoperativo antidrogas, deja demasiadas preguntas en el aire. La tragedia expone la delgada y cuestionable línea entre la supuesta “capacitación” de agentes extranjeros y la verdadera naturaleza de su presencia en las zonas de guerra del narcotráfico en México.



