Chihuahua.- Alejandro “Alito” Moreno llegó a Chihuahua a decir lo que el priismo ya no puede disimular: que el PAN, solo, no gana la gubernatura de 2027. Lo dijo en conferencia y lo recogieron medios locales: si hay coalición, el PRI está dispuesto a respaldar a Marco Bonilla, alcalde de la capital y coordinador político estatal del blanquiazul, siempre que sea “el perfil mejor posicionado”. No es generosidad. Es un recordatorio de que el tricolor, sin votos suficientes para imponer candidato propio, quiere vender estructura a cambio de sobrevivir en la boleta.
El cálculo es viejo y cínico. Chihuahua lo gobierna el PAN con Maru Campos; Bonilla ya ha ganado la alcaldía en alianza con el PRI y ha dicho, él mismo, que no descarta coaliciones pese al discurso nacional de ruptura de su partido. El “divorcio” panista se derrite donde hay gubernatura en juego. Alito lo aprovecha: primero proclama que las coaliciones “han dado resultados”; después condiciona el apoyo a Bonilla. El mensaje para el panismo local es brutal: o se sientan a negociar o se quedan cortos frente a Morena.
Lo que se vende como “frente amplio” es, otra vez, un arreglo de marcas exhaustas. No hay acuerdo firmado, no hay candidato común y sí hay una amenaza apenas disfrazada: sin el PRI, el PAN no llega. Chihuahua no está eligiendo un proyecto; está siendo empujada a reciclar el PRIAN porque a sus dirigentes les da más miedo perder el cargo que explicar por qué, juntos o separados, siguen ofreciendo lo mismo.
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