San Luis Potosí.- Alejandro Moreno Cárdenas no anunció un pacto. Hizo algo más revelador: dejó la puerta abierta. El dirigente nacional del PRI dijo en San Luis Potosí que su partido dialoga con “prácticamente cualquier fuerza” que no vaya con Morena y que con el Partido Verde “tenemos relación siempre”. No hay acuerdo formal, aclaró, pero el escenario local lo invita a tantear. En 2027, el PVEM se perfila a ir solo por la gubernatura porque Morena aplicó su regla interna contra el nepotismo y no respaldaría a la senadora Ruth González Silva, esposa del gobernador Ricardo Gallardo Cardona. Ese quiebre —el único de las 17 entidades en disputa donde la coalición oficialista no cuaja— es, para Alito, una oportunidad.
La crítica no es menor. El PRI se presenta como dique contra Morena y, al mismo tiempo, mide si puede sentarse con el partido que ha sido socio del oficialismo en casi todo el país y que hoy controla el gobierno potosino. El Verde no es un recién llegado a la conveniencia: en SLP ya gobernó sin Morena en 2021 y ahora quiere repetir con la carta familiar. Morena dice que no avala esa sucesión; el Verde responde que la ley contra el nepotismo entra hasta 2030 y que Ruth cumple requisitos legales. En medio, el PRI ofrece “gran coalición” no como proyecto, sino como aritmética: sumar para que Morena no gane. El gobernador Gallardo, por su parte, ya adelantó que las alianzas las deciden las dirigencias nacionales, no el patio local.
Lo que queda a la vista es el oficio viejo de la política mexicana. No hay ruptura ideológica ni debate de gobierno. Hay un mercado de posiciones: un PRI debilitado que no cierra la puerta a nadie con votos, un Verde que no suelta el poder estatal y un Morena que predica antinepotismo donde le estorba el socio. Si Alito termina abrazando al PVEM en San Luis, el mensaje será brutal y simple: contra Morena, sí; con principios, después.
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