Andrés Manuel López Obrador no se resigna a soltar Quintana Roo. Si no pudo quedarse con el estado entero, al menos quiere morder Cancún. El problema es que el alfil que mandó a esa plaza, Rafael “Rafa” Marín Mollinedo, Morena ya le negó la candidatura a priori. No lo nombraron con pase directo este fin de semana, como sí hicieron con Andrea Chávez en Chihuahua (a quien designaron candidata para Ciudad Juárez por pase directo apenas días después de que perdiera la estatal frente a Cruz Pérez Cuéllar) o con Célida López en Sonora (designada también por dedazo candidata para la municipal de Hermosillo tras quedar detrás de Lorenia Valles). A Marín lo mandaron a un proceso abierto de registro para competir de frente contra personajes del partido Verde, como Pablo Bustamante, ex dirigente del PVEM y ex funcionario de la gobernadora Mara Lezama en el Bienestar, y candidatos de Morena cercamos al gobierno como Jorge Sanén, líder del Congreso local.
Eso no es un detalle menor. Cancún (Benito Juárez) lleva años bajo la influencia del Verde y de Jorge Emilio “Niño Verde” González. Pablo Bustamante Beltrán, ex dirigente estatal del PVEM, ex secretario de Bienestar de Quintana Roo y hombre de confianza de Lezama, ya se registró. Junto a él están Jorge Sanén Cervantes (diputado local de Morena, presidente de la Junta de Gobierno del Congreso y del Consejo Estatal del partido) y Pablo Gutiérrez (secretario del Ayuntamiento de Benito Juárez). Hay más nombres en la lista. El Verde no está de invitado: es el dueño de casa y lo seguirá siendo.
Marín es un cartucho quemado. Su único argumento real es que es fundador de Morena en Quintana Roo y que lleva décadas cerca de López Obrador. Todo lo demás le juega en contra. Dejó la Agencia Nacional de Aduanas de México el 31 de marzo de 2026 en medio de señalamientos por el incremento del huachicol fiscal durante su gestión. Él dice que no tiene nada que esconder y que detectó irregularidades; los reportes periodísticos y el timing de su salida hablan de otra cosa. A eso se suma la percepción, incluso entre parte de sus propios seguidores, de una riqueza difícil de explicar para alguien que ha vivido de la política y del movimiento. Mientras mantenga la esperanza y la cartera abierta, algunos lo ven como mecenas. Eso no suma votos fuera de su núcleo.
El contexto nacional no ayuda. De los 17 coordinadores estatales que Morena ya definió rumbo a las gubernaturas de 2027, la minoría tiene una raíz o una cercanía estrecha y reciente con AMLO. La mayoría son perfiles de gobernadores en funciones, operadores locales o figuras que se alinearon con el segundo piso de la 4T. Claudia Sheinbaum no ha dicho —ni va a decir en la mañanera— que quiere distanciarse de los personajes más ligados a López Obrador. Pero los hechos, después de dos años en el poder, son claros: frente a las cámaras sigue siendo pro-AMLO; detrás de ellas, el espacio de los más cercanos al expresidente se reduce. Estar en el radar de los “amlistas” en estos días no es una ventaja, más bien es un lastre.
AMLO insiste en llevarse una tajada de Quintana Roo, aunque sea Cancún. Su alfil, sin embargo, entra a una competencia real contra el grupo que ya controla el estado y el municipio más importante. El fundador tiene historia; el Verde tiene estructura, operadores y el gobierno local. En esa ecuación, las posibilidades de que López Obrador se quede con Cancún vía Rafa Marín son, por ahora, escasas.




