CDMX.- En el velorio de Cuauhtémoc Cárdenas, fallecido la noche del 28 de octubre de 2026 a los 92 años en el Hospital Ángeles Metropolitano, el activista Marco Rascón lanzó una acusación directa que rompe el relato oficial de la 4T: que Andrés Manuel López Obrador organizó las rechiflas e insultos contra el ingeniero y Porfirio Muñoz Ledo durante la marcha del 24-25 de abril de 2005 contra el desafuero. Según Rascón, el objetivo era claro y político: mandar el mensaje de que “el 88 había muerto” y que el liderazgo histórico fundado en la caída del sistema ya no contaba. No es un rumor nuevo; Rascón lo había señalado antes, y el episodio de 2005 está documentado como el punto en que Cárdenas, invitado a la marcha, caminó solo entre abucheos mientras AMLO iba directo al Zócalo.
Arturo Núñez, exgobernador de Tabasco y paisano de López Obrador, puso el contrapunto en el mismo Panteón Francés: Cárdenas impulsó al inicio la trayectoria de AMLO, pero se distanciaron porque eran personas distintas. Núñez subrayó que el ingeniero se autocontenía incluso cuando multitudes pedían tomar Palacio Nacional, mientras “Andrés Manuel nunca se autocontiene”. Habría sido, dijo, un gran presidente; el “hubiera” no existe, pero la diferencia de carácter sí. Mientras Sheinbaum, Monreal y Ebrard montan guardias de honor y declaran que “sin él no habría 4T”, las declaraciones en el propio funeral exhiben el desplazamiento calculado de quien abrió el camino.
La ironía es brutal y contundente: el mismo movimiento que hoy se apropia del legado de Cárdenas como precursor de la democracia y de la transformación, es acusado en su sepelio de haberlo silenciado políticamente cuando aún podía hacerle sombra. La autocontención del ingeniero permitió la transición; la falta de ella de quien lo sucedió consolidó el poder a costa de los fundadores. No es un detalle menor en un funeral: es la confesión, a cielo abierto, de cómo se construyó el monopolio actual sobre los restos de quien nunca lo quiso.
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