Tabasco.- Andy López Beltrán salió a decir que “el cónclave que nos importa es con la gente” y que su padre le enseñó a “atender y obedecer al pueblo”. Lo hizo después de que Héctor de Mauleón documentara, con videos, su reunión del 24 de agosto en Magazzino, en la Condesa: más de cinco horas, local cerrado al público, cinco o seis camionetas de escoltas afuera, vino Sassicaia de 16 a 24 mil pesos la botella, y a la mesa su hermano Gonzalo, el diputado Daniel Asaf y los empresarios Juan Domingo Beckmann —José Cuervo y consejero económico de Sheinbaum— y Mauricio Garduño.
El contraste no es un detalle de estilo. Es el mismo hombre que aspira a diputado por Tabasco, que fue secretario de Organización de Morena y que hoy, con la familia en el centro de señalamientos por huachicol fiscal, visas revocadas y el caso Cuén en Sinaloa, reduce a frase de mitin una cena a puerta cerrada con capital y poder. Sheinbaum ha dicho que la FGR no investiga a López Beltrán; eso no borra lo que sí está a la vista: el discurso de austeridad se evapora cuando el restaurante se reserva, el vino se descorcha y el “pueblo” queda del otro lado de la calle.
Llamar “cónclave con la gente” a una reacción tardía, después de que las imágenes ya circularon, no es humildad: es control de daños. Quien hereda la consigna de obedecer al pueblo y elige primero a Beckmann y a Garduño no está aclarando nada. Está confirmando que, en esta familia política, el pueblo es el estribillo; la mesa de la Condesa, el método.
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