CDMX.- Tras el Segundo Informe de Gobierno, Andrés Manuel López Beltrán “Andy” salió a repetir la frase de Claudia Sheinbaum: “la soberanía no se negocia, no se entrega y no se comparte”. El hijo del expresidente, sin cargo en Morena y aspirante a diputado por Tabasco, celebró que México “es y será siempre un país libre”. Lo hizo 19 días después de que Estados Unidos le cancelara la visa, según él por orden de Marco Rubio y Christopher Landau, y sin que Washington haya hecho público el expediente concreto de su caso.
La operación es política y evidente. Sheinbaum sí dijo esa frase el 1 de septiembre en Palacio Nacional, en un discurso que también habló de cooperación sin sometimiento. Pero convertir el permiso migratorio de un particular —un privilegio, no un derecho, como reiteró la Embajada de Estados Unidos— en defensa de la nación es un truco viejo: el agravio personal se disfraza de dignidad colectiva. El Departamento de Estado no detalla por qué le quitó el visado a Andy López Beltrán; sí ha dicho, en general, que revoca visas por corrupción, narcotráfico o facilitación de migración ilegal. En México, la FGR ha señalado que no tiene elementos suficientes para abrirle carpeta por los señalamientos de huachicol fiscal que lo han perseguido en prensa. Eso no es inocencia demostrada; es ausencia de proceso.
Lo duro no es que Washington actúe con opacidad. Lo duro es que el oficialismo use la bandera para tapar a un heredero político. Si la soberanía se midiera por no preguntar, por no investigar y por aplaudir al hijo del fundador cuando le cierran la puerta en el norte, entonces no hay Estado: hay clan. México no pierde independencia porque a Andy le quiten la visa. La pierde cuando esa visa se vuelve dogma y la crítica, traición.
Discusión sobre este post
Sin posts




