Puebla.- El gobernador de Puebla, Alejandro Armenta, salió a defender la compra de un AgustaWestland AW109SP GrandNew modelo 2020 (el cuarto de la flota estatal, estimado en alrededor de 100 millones de pesos) con una frase de película: si tiene que subirse “mil veces” al helicóptero para llegar en 40-50 minutos a comunidades que están a seis horas por carretera, “arriesgando mi vida, lo voy a hacer”. Lo dijo en conferencia el 14 de octubre, mientras insistía en que la aeronave no es para su uso personal, sino para seguridad, incendios y ambulancias aéreas.
El problema es el historial. Desde mayo el gobierno de Armenta ha reservado por cinco años las bitácoras, rutas y costos de los vuelos oficiales, y el propio gobernador ya había justificado vuelos anteriores con el clásico “cuando no me da tiempo, para eso es”. Los tres helicópteros anteriores venían de gestiones previas (Moreno Valle y Marín) y en su momento fueron tildados de “fierro viejo”; ahora se suma uno más mientras las cuentas siguen opacas.
En resumen: el pueblo financia el “sacrificio” aéreo del gobernador, pero no tiene derecho a saber cuánto cuesta, a dónde va ni para qué exactamente. El heroísmo sale barato cuando lo paga otro.
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