Puebla.- El gobernador Alejandro Armenta insistió esta semana en que Volkswagen y Audi “no son todo” para la economía de Puebla y que el 80% de los empleos se generan fuera de ambas plantas. La frase suena a prudencia diversificadora, pero choca con los datos oficiales y académicos: el sector automotriz (anclado en esas dos armadoras y su cadena de proveedores) representa alrededor del 43.4% del PIB estatal y concentra el 82% de las exportaciones de la entidad, según cifras de la Secretaría de Economía y análisis de investigadores de la UPAEP. No se trata solo de los puestos directos en las plantas de Cuautlancingo y San José Chiapa; se trata del ecosistema de autopartes, logística, transporte y servicios que multiplica el impacto. Canacintra ha advertido que cada empleo directo en una armadora puede arrastrar entre dos y cuatro más en la cadena de suministro, y ya se reportan miles de bajas en proveedoras tras los ajustes recientes en Volkswagen.
Minimizar ese peso mientras el propio gobierno mantiene incentivos por más de 100 millones de pesos anuales a Volkswagen (y otros a Audi) revela una inconsistencia peligrosa. Puebla vive de ese clúster desde hace décadas; la diversificación hacia otros polos (Huejotzingo, San José Chiapa, textiles o agroindustria) es deseable a mediano plazo, pero no borra la dependencia estructural actual ni el riesgo inmediato de una huelga o de recortes mayores en un contexto global de crisis del sector. Decir que “no lo son todo” cuando sostienen cerca de la mitad de la riqueza generada en el estado no es realismo: es desconocimiento o cálculo político que deja a las familias y a los proveedores expuestos. El gobernador tiene derecho a promover otras inversiones, pero no a tratar el corazón productivo de Puebla como si fuera un accesorio prescindible.
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