CDMX.- El diputado de Morena Daniel Asaf Manjarrez —exjefe de la Ayudantía presidencial con López Obrador y sombra recurrente de Andrés Manuel “Andy” López Beltrán— se negó este lunes a explicar la reunión del 24 de agosto en Magazzino, colonia Condesa. El local, en Pachuca 51, cerró al público. Entraron Andy, su hermano Gonzalo, Asaf y los empresarios Juan Domingo Beckmann, de José Cuervo, y Mauricio Garduño. Afuera, cinco o seis camionetas de escoltas. Adentro, horas de mesa, una botella de Sassicaia de hasta 24 mil pesos. Héctor de Mauleón documentó el encuentro en El Universal y señaló que entre los temas asociados al cónclave aparece la detención de Fausto Corrales Rodríguez, chofer de Héctor Melesio Cuén y pieza clave del caso que la FGR arrancó de Sinaloa.
No es un desayuno cualquiera. Asaf ya había aparecido con Andy en Tokio, en hotel de lujo. Ahora reaparece cuando el expediente Cuén-Zambada se mueve: Corrales fue detenido el 19 de agosto por encubrimiento y declaraciones falsas, y la fiscalía federal sostiene que el cuerpo del exrector no murió en la gasolinera que inventó la Fiscalía de Sinaloa, sino en Huertos del Pedregal, el mismo predio del secuestro de “El Mayo”. Que un legislador federal evite una sola frase sobre qué se habló en esa mesa, con vinos de miles y restaurante exclusivo, no es discreción: es el mismo gesto de quien se sabe protegido. La oposición pide que la FGR revise el “cónclave”; Morena lo llama reunión normal. Normal, para ellos, es eso: lujo, silencio y cero rendición de cuentas.
La austeridad que predican se evapora en cuanto cierran la puerta. Mientras el país carga con un homicidio político sin autores intelectuales a dos años del crimen y con una red de influencias que lleva años documentada en torno a “El Clan”, el diputado camina de largo y no contesta. No hace falta inventar nada: el video existe, la mesa existió, el vino se sirvió y la explicación no llegó. Eso no es política. Es impunidad con mantel.
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