¡Auxilio, Trump! Indígenas de Guerrero, sitiados por Los Ardillos, suplican helicópteros yanquis mientras Sheinbaum afila su discurso de “soberanía”
Indígenas de San Pedro Huitzapula piden ayuda a Trump ante asedio de Los Ardillos en Guerrero
Guerrero.- En un video desgarrador grabado en San Pedro Huitzapula, Montaña Baja de Guerrero, decenas de mujeres, niños y ancianos indígenas náhuatls —con sus pocos bultos a cuestas— claman desesperados por ayuda. Llevan más de 16 días bajo balaceras, bombardeos con drones explosivos y casas incendiadas por el grupo criminal Los Ardillos. “Si no hay justicia en nuestra nación, nos invocamos a pedirla al presidente de Estados Unidos, Donald Trump”, dice una voz rota. Piden que capture a los “narcopolíticos” que los tienen rodeados. No es montaje: el Consejo Nacional Indígena confirman el desplazamiento forzado de cientos de familias en Chilapa y Atlixtac desde el 6 de mayo. Dos camionetas de la Guardia Nacional no alcanzan. Los niños ya no van a la escuela. El terror es real.
La respuesta previsible de la 4T es tan predecible como cínica: saldrán a escudarse en la “soberanía” y a los medios que difundan este video les dirán: golpistas, neoliberales o “comentarócratas” por atreverse a difundir este grito de auxilio a Trump. Mientras, el gobierno federal sigue sin reconocer la magnitud de la crisis. Peor aún: Los Ardillos no surgieron de la nada. En 2023, la entonces alcaldesa morenista Norma Otilia Hernández fue grabada en una reunión con sus líderes; Morena la expulsó temporalmente y luego le devolvió la militancia. Hoy suena para cargos mayores. Ese “pacto” —documentado y nunca desmentido con hechos— explica por qué los indígenas siguen huyendo mientras el discurso oficial habla de “paz” y “abrazos”.
Esta no es una falla de seguridad. Es el resultado brutal de seis años de negar la realidad: el narco gobierna territorios enteros porque el poder lo tolera, lo financia y lo protege. Los indígenas de Guerrero no pidieron permiso para nacer pobres ni para morir acribillados. Simplemente pidieron que alguien —cualquiera— los salve de un Estado que los abandonó. Y ese alguien, hoy, se llama Trump. La humillación es total. La 4T, en cambio, solo sabe gritar “soberanía”.



