CDMX.- En El Cuadrilátero de Meme Yamel, el vocero de los diputados de Morena, Arturo Ávila, salió con la cantaleta de siempre: que la oposición gasta millones en páginas alternas. Jorge Garcés, coordinador de contenidos del PRI, no le contestó con adjetivos: le puso hojas sobre la mesa. Una decía que el gobierno del Estado de México pautaba contenido a favor de Andrea Chávez; otra, que solo en siete páginas de Facebook Morena habría erogado 6 millones 18 mil 285 pesos; y una más, titulada “Las Fake News de Morena”, con capturas marcadas como falsas. El que llegó a denunciar desinformación se topó con un archivo, no con un discurso.
Ahí está el chiste cruel de la política mexicana: un partido que presume millones de votos manda a pelear a un plurinominal al que le cuelgan el mote de “cero votos” —nunca ha ganado una elección de mayoría— y que, para colmo, acaba de bajarse de la alcaldía Cuauhtémoc para cederle el paso a Citlalli Hernández. Héctor Suárez Gomís lo resumió sin anestesia: Garcés no debatió; le hizo una auditoría en vivo. Ávila, en vez de desmenuzar cifra por cifra, hizo lo que mejor le sale: desviar a Alito, al PRI y a la “maquinaria digital” ajena, como si señalar al rival anulara el papel que acaba de exhibirlo.
La red no perdonó. Mientras el clip de Garcés circulaba a cientos de miles de vistas, La Casa de los Mañosos —cuenta parodia, no tribunal— lo retrató en “brote” por haber sido bajado de la Cuauhtémoc. Burla aparte, el dato duro permanece: si el problema son las páginas pagadas, los bots y las noticias falsas, el vocero tenía que rebatir documentos, no el micrófono. En ese estudio no perdió un partido. Perdió el oficio más básico de un comunicador: contestar con pruebas, no con oficio de ofendido.
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