CDMX.- El Banco de México dejó la tasa de referencia en 6.50% por unanimidad, tal como descontaba el mercado. No es un recorte ni un alza: es otra pausa, después de que en mayo cerró su ciclo de recortes. La decisión llega una semana después de que la Reserva Federal subiera 25 puntos base, al rango de 3.75%-4.00%, y de que la inflación general mexicana se acelerara a 3.42% en la primera quincena de septiembre, aunque la subyacente bajó a 3.79%. Banxico insiste en que la meta de 3% llegará hasta el cuarto trimestre de 2027.
El comunicado sí cambió de tono. Ya no dice, como en las reuniones anteriores, que “será apropiado” mantener la tasa en este nivel. Ahora habla de decidir según la desinflación, el tipo de cambio, la holgura económica y las expectativas. Y lanza la frase que el mercado quería leer: las condiciones de México no son las de Estados Unidos, así que la política monetaria “no tendría que reaccionar de manera mecánica” a la Fed. Suena a independencia. En la práctica, el diferencial de tasas se comprimió a unos 250 puntos base, el más estrecho en años, y el peso ya venía presionado antes del anuncio.
La crítica es simple: Banxico se declara autónomo frente a Washington, pero el costo del dinero en México sigue alto para quien pide un crédito, mientras la inflación todavía no está anclada y el propio banco admite riesgos al alza —tipo de cambio, geopolítica, clima, políticas comerciales—. Congelar la tasa no es neutral para el que paga mensualidades. Es una apuesta a que la economía aguante la restricción y el peso no se desordene. Si eso falla, la “independencia” se va a medir no en el comunicado, sino en la inflada de la cuenta del supermercado y en la tasa del banco.
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