Sinaloa.- En Culiacán, Sinaloa, un grupo de ciudadanos liderado por Abel Jacobo Miller impulsó desde mayo de 2026 el movimiento #BardasBlancas: salen con pintura blanca, rodillos y recursos propios a cubrir bardas llenas de mensajes políticos colocados fuera de los tiempos legales. Según reportes locales, ya han intervenido más de 275 muros, la gran mayoría con leyendas como “#ESIMELDA” y “#ESTERE” —aludiendo a la senadora Imelda Castro y la diputada María Teresa Guerra Ochoa, aspirantes de Morena a la gubernatura de 2027—, aunque también han borrado pintas de otros partidos. El colectivo asegura que no distingue colores, pero reconoce que la saturación es abrumadoramente guinda.
Lo grave no es solo la contaminación visual: se trata de una práctica que vulnera la equidad electoral y que las autoridades locales han tolerado o minimizado durante meses, a pesar de denuncias formales ante el Instituto Electoral del Estado de Sinaloa por actos anticipados de campaña y promoción personalizada. Mientras Morena y sus aspirantes se deslindan o argumentan que “un nombre solo no configura infracción”, los vecinos pagan de su bolsillo lo que deberían hacer los organismos electorales. El movimiento ya se replica en Puebla, donde grupos ciudadanos también clausuran bardas con nombres de funcionarios.
Esto no es un capricho de opositores: es el síntoma claro de un hartazgo profundo. Cuando el partido en el poder inunda las calles con propaganda ilegal y las instituciones miran para otro lado, la gente termina haciendo el trabajo sucio. En un estado marcado por graves señalamientos de corrupción y violencia, la pintura blanca se ha convertido en el único mensaje contundente: la ciudadanía ya no está dispuesta a seguir tragándose la impunidad disfrazada de “transformación”.
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