Bessent declara guerra total a narcos y narcopolíticos: Sheinbaum saca al pueblo de escudo
Bessent equipara al Cártel de Sinaloa con Hezbollah y exige desmantelar sus redes financieras y a los narcopolíticos que los protegen
París.- En París, este 19 de mayo de 2026, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, no se anduvo con rodeos. Ante la conferencia “No Money for Terror” del G7, equiparó al Cártel de Sinaloa con Hezbollah y advirtió que Washington no se detendrá hasta desmantelar las redes financieras de estos grupos y de los “narcopolíticos” que los protegen. “Nuestros socios en todo el mundo tendrán que responder con fuerza ante la variedad de terroristas a los que nos enfrentamos, desde Hezbollah hasta el Cártel de Sinaloa”, dijo textualmente, exigiendo unidad global porque las amenazas “cruzan fronteras”.
Horas después, en su mañanera, Claudia Sheinbaum respondió con un llamado directo: “Nos corresponde convocar al pueblo de México a la Unidad Nacional para la Defensa de la Soberanía y de la independencia”. Habló de no traicionar al pueblo, criticó la era Calderón y el operativo Rápido y Furioso… y, en la práctica, pidió que los ciudadanos se pongan al frente para defender lo que su gobierno no ha podido o no ha querido limpiar en años.
Aquí está la crudeza del asunto: mientras Estados Unidos eleva el tono y trata a los cárteles mexicanos como amenaza terrorista comparable a Hezbollah, el gobierno mexicano no ofrece una estrategia contundente de desmantelamiento real. En lugar de eso, recurre al viejo truco de la “unidad nacional” para que el pueblo pague los platos rotos. ¿Dónde estaba esa soberanía cuando los cárteles han controlado plazas enteras, cuando las instituciones aparecen salpicadas de complicidades y cuando la violencia sigue dejando miles de muertos y desaparecidos?
El pueblo ya lo demostró en Chihuahua: dejó sola a Sheinbaum, a Ariadna Montiel y al propio Andy López Beltrán. No compra más discursos de victimismo soberano mientras el narco y sus aliados políticos siguen intocables. Bessent no está jugando. México tampoco puede seguir jugando a la retórica. O el gobierno asume de una vez el desmantelamiento real de las redes de protección —con Marina, Ejército y Guardia Nacional de verdad— o la presión externa seguirá subiendo. Convocar al pueblo como escudo es, simplemente, cobardía disfrazada de patriotismo.



