Sonora.- En Buaysiacobe, comunidad indígena de Etchojoa, Sonora, estudiantes de la Universidad para el Bienestar Benito Juárez García salieron este lunes a la carretera porque el plantel no tiene aire acondicionado y el agua que hay es salada. Grupos de unos 40 alumnos se apiñan con un solo aerocooler; ya hubo desmayos, deshidratación y golpes de calor entre estudiantes y docentes. Algunos tardan hasta tres horas y media en llegar. “No somos animales, somos personas que solamente queremos salir adelante”, dijo uno de ellos. A la protesta se sumaron alumnos de Navojoa.
No es un accidente de un día. En agosto, alumnos del mismo plantel ya denunciaban 40 °C sin respuesta de la coordinadora federal Raquel Sosa. En 2025, la sede de Masiaca, Navojoa, quedó inundada y sin aulas. En Etchojoa, egresados llevan años esperando títulos. El patrón se repite en el país: planteles sin laboratorios, sin RVOE completo, con pocos maestros y una titulación que no llega. El programa presume cientos de sedes y miles de alumnos; en el desierto sonorense ni siquiera garantiza agua potable ni un ventilador que sirva.
Eso no es inclusión. Es propaganda barata disfrazada de universidad. Llamar “Bienestar” a un aula que enferma a quien estudia es una burla a los jóvenes que creyeron la promesa. Si el Estado abre escuelas en zonas marginadas y las deja sin lo mínimo, no está combatiendo la desigualdad: la está administrando. Y cuando los alumnos tienen que bloquear la carretera para no desmayarse en clase, el fracaso ya no es técnico. Es político, y es deliberado.
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