CDMX.- El 21 de octubre, el director del IMSS, Zoé Robledo, anunció un aumento global del 8% (4% al tabulador salarial y 4% a ayuda para renta), después de que la base rechazara en consulta el 6.8% previo (2.9% al tabulador). El SNTSS, dirigido por Rafael Olivos, lo celebró como el mejor frente a una inflación de 3.45% en 20 años. Los trabajadores disidentes lo llamaron “burla” y “fregadera”: solo el 4% llega al sueldo tabular, lejos del 10% directo que piden, y lo ven como maquillaje para no tocar lo esencial.
Mientras Robledo y el Consejo Técnico avalan la cifra, personal de clínicas y hospitales publica listas de medicamentos faltantes (como en la Clínica 8) y grita que no hay gasas, alcohol, equipo ni especialistas. “¿Cómo quieren que trabajemos?”, cuestionó una auxiliar de enfermería en Iztapalapa. El gobierno ha atribuido el desabasto a “robo” del personal; los trabajadores exhiben el colapso cotidiano y niegan esa versión.
Olivos, electo 2024-2030 y excandidato suplente de Morena, se niega a renunciar y defiende su legitimidad. La disidencia no lo reconoce: exigen congreso extraordinario, lo desconocen y mantienen plantones, bloqueos y marchas desde el Siglo XXI. Anuncian megamarcha nacional el 30 de octubre y asamblea el 31; “no pararemos hasta que dimita o renuncie”. Incluso expulsaron a militantes del PAN de un plantón, rechazando que se cuelguen de su protesta.
La “austeridad” del gobierno se traduce en hospitales sin lo mínimo, metas de cirugías imposibles y trabajadores que fueron “héroes” en la pandemia y ahora se sienten desechables. El 8% no resuelve el desabasto ni el descontento; solo confirma que la dirigencia sindical y las autoridades priorizan el discurso sobre la operación real del sistema que atiende a millones. Las movilizaciones no se detienen.
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