Washington, Estados Unidos.— Los cárteles mexicanos están acelerando el uso de drones para vigilancia, tráfico y ataques, y buscan incorporar conocimientos tácticos que combatientes latinoamericanos adquirieron en la guerra entre Rusia y Ucrania, según una investigación de The Washington Post publicada este martes.
El diario se basó en una evaluación interna del gobierno de Estados Unidos descrita, bajo anonimato, por cinco funcionarios estadounidenses y uno mexicano. La principal inquietud es que personas con experiencia reciente en el frente ucraniano regresen a la región con habilidades en el manejo de drones, explosivos, frecuencias de radio y métodos para eludir sistemas antidrones. Las autoridades antidrogas de ambos países, advierten esas fuentes, podrían quedar rezagadas ante ese salto tecnológico.
Según los funcionarios, las organizaciones criminales mexicanas han recurrido al dinero y a las amenazas para reclutar sobre todo a colombianos que combatieron en Ucrania. En algunos casos, los propios cárteles habrían enviado afiliados al conflicto con contratos de alrededor de un año y presionado a sus familias para asegurar que volvieran.
El Departamento de Estado de EE.UU. indicó al Post que colabora con autoridades estadounidenses y ucranianas para limitar la transferencia de esos conocimientos y aplicar las lecciones del conflicto contra el uso criminal de drones. Funcionarios ucranianos, por su parte, restaron peso a la idea de que sus fuerzas estén formando deliberadamente a integrantes de grupos delictivos y señalaron que los voluntarios extranjeros pasan controles de antecedentes.
La capacidad de las aeronaves también está evolucionando. Un documento de inteligencia mexicano revisado por el diario indica que al menos un cártel opera drones de seis a ocho hélices, capaces de volar varias horas y de transportar más de 68 kilogramos. Un funcionario mexicano añadió que un grupo envió personal a China para comprar modelos que pueden equiparse con fusiles y que está aprendiendo a operarlos. Los cárteles, según las mismas fuentes, estudian frecuencias alternativas y otras técnicas para evadir los sistemas de interferencia.
El fenómeno no es nuevo. En México ya se han usado drones para vigilar a las fuerzas de seguridad, detectar rutas y lanzar explosivos. En Guerrero, el Post documentó en julio ataques atribuidos a La Nueva Familia Michoacana contra comunidades rurales. Estados Unidos ha respondido reforzando sus capacidades: sistemas de láser de alta energía derribaron 11 drones vinculados a cárteles entre el 24 de agosto y el 4 de septiembre.
El general retirado Glen D. VanHerck, exjefe del Comando Norte y del NORAD, advirtió que los grupos podrían intentar contrarrestar o atacar los drones de las autoridades, con un riesgo concentrado sobre todo contra fuerzas mexicanas y rivales criminales, no solo en la frontera.
Colombia aparece como otro eslabón. Grupos armados han incrementado el uso de drones en disputas territoriales y de narcotráfico. Según datos de ACLED citados por el Post, los incidentes con drones armados pasaron de 38 en 2024 a 149 en 2025 y ya superaban los 200 a principios de septiembre de 2026.
Un funcionario mexicano dijo que, al volver de Ucrania, especialistas colombianos reciben pagos elevados y en algunos casos son llevados a México para entrenar operadores. El diario también recuerda vínculos entre el Clan del Golfo y el Cártel de Sinaloa.
El contexto es de adaptación continua. Evaluaciones previas de la DEA y el Pentágono, también citadas por el Post, indicaban que los ataques estadounidenses a embarcaciones sospechosas no habían reducido el suministro de cocaína y habían empujado a los traficantes a cambiar rutas.
Ahora, funcionarios de ambos países anticipan un nuevo frente: drones más grandes, mayor carga, evasión más sofisticada y operadores con experiencia de combate. Un funcionario estadounidense lo resumió así: después de los cambios en las rutas marítimas y aéreas, el siguiente desafío podría estar en el aire.



