Baja California Sur.- Víctor Castro Cosío, gobernador de Baja California Sur por Morena, planteó en una “Conferencia para el pueblo” de IERTBCS nacionalizar bancos y navieras, y afirmó que “expropiación no es palabra maldita”. El video circula desde anoche y ha sido difundido por analistas y periodistas de oposición. No es un rumor: es el mandatario estatal, en un acto oficial, empujando una idea que México ya vivió en 1982, cuando López Portillo expropió la banca y el país pagó años de distorsión, fuga de capitales y un sistema financiero capturado por el gobierno.
La contradicción es brutal. El mismo gobierno de Castro Cosío ha recurrido, año tras año, a créditos de corto plazo con Santander, BBVA, HSBC y otros bancos privados para cubrir nóminas, aguinaldos y el cierre de ejercicio. Niega que eso sea “endeudar” al estado porque los préstamos vencen en doce meses, pero los reportes de la Secretaría de Hacienda muestran una cadena constante de empréstitos desde 2021. Pedir prestado a la banca privada mientras se predica su estatización no es coherencia ideológica: es oportunismo. Lo que hoy es “el pueblo” mañana puede ser la caja chica de un gobierno que ya tiene problemas para comprobar gasto y que hereda y genera obligaciones.
México no necesita otro experimento de 1982. Nacionalizar bancos no es “devolver al pueblo” lo que nunca le quitaron; es concentrar el ahorro de millones de depositantes en manos de un Estado que, en BCS y en la Federación, ha mostrado opacidad, deuda recurrente y una visión económica que privilegia el control político sobre la certeza jurídica. Quien hoy celebra la frase de Castro Cosío debería preguntarse qué pasa con su cuenta de ahorro el día que el gobierno decida que “expropiar no es maldito”. Esa es la ruta que se está señalando, y no hay nada romántico en ella.
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