CDMX.- Chumel Torres afirmó en el noticiero de Azucena Uresti que José Ramón López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, asistió al Gran Premio de México de Fórmula 1 que se disputó del 30 de octubre al 1 de noviembre en el Autódromo Hermanos Rodríguez. Según Torres, “les encanta lo fifí”. El comentario no llega solo: se suma a una larga lista de imágenes y reportes que muestran al primogénito —y a su círculo— en entornos de alto costo, desde sandalias Gucci de unos 17 mil pesos en la Riviera Maya hasta compras en Cartier, Loro Piana o relojes Rolex.
La contradicción con el discurso de austeridad republicana es directa. En mayo de 2020, durante la pandemia, López Obrador dijo en la mañanera: “No consumir de manera enfermiza. Si ya tenemos zapatos ¿Para qué más? Si ya se tiene la ropa indispensable, sólo eso”. Esa frase se convirtió en emblema del gobierno de la 4T. Sin embargo, el mismo relato de Chumel incluye que una trabajadora del catering del evento le contó haber recibido amenazas de un diputado de Morena, detalle que, de confirmarse, revelaría no solo gusto por lo exclusivo, sino presión para mantenerlo en silencio.
La doble moral no es un accidente: es el patrón. Mientras se predica que al pueblo le basta lo indispensable, los hijos del expresidente acumulan evidencias públicas de un estilo de vida que ese discurso condenaba. No se trata de prohibir el consumo privado; se trata de la incoherencia de quienes gobernaron bajo el lema de la austeridad y ahora toleran —o encubren— lo contrario en casa. La crítica de Torres apunta exactamente ahí, y la historia reciente de la familia le da peso.



