CDMX.- Guadalupe Taddei renunció el 26 de octubre al INE acorralada por vínculos con el empresario José Alfredo Hernández Casillas —contratos por cientos de millones bajo revisión de la ASF, chofer fantasma, viajes a París con el hijo de la consejera y triangulaciones detectadas—. Morena la impulsó y le otorgó superpoderes; ahora Claudia Sheinbaum, en lugar de asumir el costo político de esa designación, pide auditar también la gestión de Lorenzo Córdova (2014-2023) y habla de una “mafia electoral” que viene de los 90. Córdova respondió con datos: la ASF auditó todos sus ejercicios sin irregularidades relevantes (la de 2022 salió limpia), el Órgano Interno de Control nombrado por la mayoría morenista no encontró nada grave y los partidos vigilaron permanentemente. “Quieren auditar lo auditado… parecen cirqueros”, resumió el periodista Manuel López San Martín tras otro día de ataques desde Palacio.
Sheinbaum sostiene que las acusaciones contra Taddei buscan afectarla a ella y al “movimiento”, y que “el pueblo” defenderá a la 4T. Es la misma estrategia de siempre: encontrar culpables externos para no hacerse cargo. Los hechos contradicen la narrativa. La ASF abrió investigación de oficio por posibles conflictos de interés y colusión; la UIF congeló cuentas vinculadas; y el propio INE prepara denuncia ante la FGR. Taddei no llegó por casualidad: fue protegida por figuras clave de Morena. Culpar a Córdova —cuya gestión ya está auditada y cerrada— no limpia la responsabilidad política de quien la colocó y la blindó.
El contraste es grotesco. Mientras el árbitro electoral está en crisis, se difunde un video de “apoyo unánime” en el vuelo comercial que llevó a Sheinbaum a Chiapas: pasajeros ovacionándola en clase turista. Críticos lo llaman acarreo aéreo; el gobierno lo presenta como prueba de respaldo popular. Es teatro. La crisis del INE no se resuelve con maromas, cortinas de humo ni aplausos de cabina. Se resuelve asumiendo que Morena colonizó la institución y ahora no puede controlar el daño que generó. Hasta ahora, prefieren el circo.




