CDMX.- El subsecretario Eduardo Clark reconoció este 20 de octubre, en la mañanera, que el gobierno federal acaba de pagar cerca de 10 mil millones de pesos a farmacéuticas por medicamentos entregados a principios de 2026 y que llevaban hasta 10 meses sin saldarse. Admitió que aún restan otros 10 mil millones pendientes, con la promesa de liquidar la mayor parte antes de que termine el año para “iniciar 2027 sin pretextos”. Al mismo tiempo, descalificó las notas sobre problemas de abasto como respuesta a “intereses tocados” de distribuidoras, insistiendo en que siempre hay una campaña o un pretexto detrás de cualquier crítica.
La contradicción es evidente y contundente. Mientras Clark asegura que con la compra consolidada 2027-2028 (con adelanto de meses y compras directas a fabricantes) el abasto estará garantizado y se ahorraron casi 70 mil millones respecto a precios anteriores, trabajadores del IMSS y de IMSS-Bienestar siguen protestando por falta de medicamentos e insumos en hospitales de varios estados. La propia presidenta Sheinbaum ha reconocido “demandas legítimas” de desabasto y problemas de distribución, y organismos como Coparmex han alertado por recortes y rezagos. Atribuir todo a proveedores incumplidos o a “intereses” de distribuidoras no explica por qué se exigen entregas puntuales cuando el propio gobierno acumula meses de retraso en pagos y el sistema arrastra fallas estructurales desde la transición del Insabi a IMSS-Bienestar.
El patrón se repite: se minimiza la crisis, se paga tarde lo que ya se debía, se anuncia “todo resuelto” para el futuro y se desacredita a quien documenta lo que pasa en los hospitales hoy. Si el abasto dependiera solo de que las farmacéuticas “no tengan pretextos”, no habría necesidad de reconocer deudas de 20 mil millones en el mismo discurso ni de enfrentar marchas y denuncias de personal de salud. La gestión no se juzga por las promesas de 2027, sino por los medicamentos que no llegan en 2026.
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