Claudia Sheinbaum teme a los mexicanos: La primera presidenta que por miedo no asiste a la inauguración del Mundial; y la primera jefa de estado en esconderse por temor a la gente
Gustavo Díaz Ordaz (1970) y Miguel de la Madrid (1986) aguantaron la rechifla del público en el Azteca, mientras que Claudia Sheinbaum se queda en su refugio de Palacio Nacional temerosa de los mexic
Análisis.— Claudia Sheinbaum pasará a la historia como la primera presidenta de México y la primera jefa de Estado mujer anfitriona de un Mundial masculino que se escondió por puro terror a ser rechazada. Mientras Gustavo Díaz Ordaz (1970), con Tlatelolco fresco, y Miguel de la Madrid (1986), con el país en ruinas tras el terremoto y la crisis económica, ambos tuvieron los pantalones de plantarse en el Estadio Azteca y aguantar rechiflas históricas, Sheinbaum optó por la cobardía: refugiarse en el Zócalo entre sus simpatizantes acarreados y regalar su boleto #00001 como si fuera un acto de “inclusión”.
No es austeridad. No es estrategia. Es miedo puro. Miedo a que el pueblo que no la aplaude le grite en la cara lo que piensa de su gobierno. Un terror tan grande que prefiere faltar a un evento que apasiona a millones de mexicanos antes que exponerse al veredicto abierto.
Y mientras ella huye, otros ocupan el vacío que deja. Ricardo Salinas Pliego, empresario y dueño de TV Azteca, anunció públicamente que sí asistirá al Estadio Azteca, incluso después de lanzar una encuesta donde preguntó a la gente si lo saludarían o lo abuchearían. Sabiendo perfectamente que podría ser objeto de rechiflas, Salinas Pliego decidió dar la cara y llenar el espacio simbólico que la Presidenta abandonó por pánico.
Eso es lo que pasa cuando una líder deja un vacío: alguien más lo llena. Sheinbaum, al ausentarse, no solo evade su responsabilidad; le entrega en bandeja de plata un escenario de liderazgo visual y mediático a uno de sus principales críticos. Un empresario dispuesto a exponerse donde ella no se atreve.
Y el daño es doble. No solo se esconde: deja mal paradas a las mujeres en el poder. La primera presidenta de México, en lugar de pasar a la historia como pionera con temple y liderazgo, quedará registrada como la primera que huyó del estadio por cobardía. El mensaje que envía es devastador: “las mujeres no aguantan la presión cuando las cosas se ponen difíciles”. Un autogol histórico que los machistas celebrarán durante décadas.
Un verdadero presidente o presidenta gobierna para todos los mexicanos, no solo para los que corean su nombre. Da la cara aunque duela. Sheinbaum, en cambio, solo aparece donde le garantizan aplausos. Es una líder que se autoengaña creyendo que esconderse es “estar con el pueblo”, cuando en realidad solo revela su fragilidad y su incapacidad para representar al país entero.
Esto no es cálculo político. Es un desastre político causado por el pánico y la falta de valor. Morena y ella lo pagarán caro. México merecía mucho más de su primera presidenta.





