“Cobran por existir”: Narco impone “predial criminal” de 200 pesos por persona en Huautla, Morelos
¡Pagan por existir o te balean! El narco cobra “impuesto familiar” en Huautla y el gobierno de Morelos reacciona… con una cita
Morelos.- Huautla, Tlaquiltenango, Morelos. Un pueblo pobre, olvidado, donde ya no basta con nacer y tener una casa: ahora hay que pagar por vivir. El obispo de Cuernavaca, Ramón Castro Castro, lo denunció con crudeza brutal: el crimen organizado cobra 200 pesos por cada miembro de la familia, solo por habitar el lugar. No es por negocio ni por mercancía. Es por existir. Si no pagas, te disparan. Y lo peor: la gente está obligada a pagar doble, al CJNG y a La Familia Michoacana. Es, según el propio obispo, un “narcogobierno municipal” que opera con total impunidad. El párroco de San Francisco de Asís ya huyó por amenazas de muerte. La Iglesia abandonó a la gente.
Ayer, tras la denuncia, el secretario de Gobierno de Morelos, Edgar Antonio Maldonado, anunció que se reunirán con el obispo. Punto. Eso es todo. Una cita. Mientras familias enteras entregan su dinero o su vida al narco que controla el territorio. Esto ocurre bajo el gobierno estatal de Margarita González Saravia (Morena) y con un presidente municipal de oposición (Enrique Alonso Plascencia, de Redes Sociales Progresistas).
Esto no es un “incidente aislado”. Es la radiografía exacta del fracaso rotundo. El gobierno estatal y municipal sabían perfectamente quién manda, como lo señaló el obispo. Lo sabían y lo toleraron. Ahora, cuando el escándalo estalla en redes y medios, responden con la burocracia más tibia: “vamos a platicar”. ¿Y mientras? La gente de Huautla sigue pagando el “impuesto criminal” para no morir en su propia tierra.
Morelos lleva años hundido en extorsiones, feminicidios y control territorial. Huautla es solo la punta más descarada del iceberg. Aquí no hay Estado: hay narco con permiso. Y la respuesta oficial es una reunión. Patético. La población no necesita fotos de secretarios con obispos. Necesita que el narco deje de cobrar por respirar. Hasta ahora, el poder brilla por su ausencia. O peor: por su complicidad.



