“Con la frente en alto… y la ficha roja en la frente”: Rocha, Inzunza y narco-cómplices desfilan en la FGR
Funcionarios sinaloenses desfilan ante la FGR tras acusaciones de EE.UU. por narcotráfico
Culiacán.- En un solo día, el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, el senador morenista Enrique Inzunza Cázares y el exvicefiscal Dámaso Castro Saavedra (entre otros exfuncionarios y mandos policiales) desfilaron por las instalaciones de la Fiscalía General de la República en Culiacán. Llegaron con escoltas, camionetas blindadas y sin dar mayores declaraciones a la prensa. Salieron con el mismo libreto: “confiamos en las instituciones mexicanas”, “la verdad prevalecerá” y, en el caso de Inzunza, frases grandilocuentes sobre Termópilas, soberanía y justicia.
Hasta ahí, el espectáculo perfecto para el consumo interno.
Lo grave es el contexto real, verificado por la Corte del Distrito Sur de Nueva York (SDNY). El 29 de abril de 2026, el Departamento de Justicia de EE.UU. los acusó formalmente de conspirar con “Los Chapitos” (la facción del Cártel de Sinaloa liderada por los hijos de El Chapo) para importar toneladas de fentanilo, cocaína, heroína y metanfetamina a Estados Unidos. A cambio, según la acusación formal, recibieron sobornos y ofrecieron protección política y policial. Se habla de reuniones protegidas por sicarios armados con ametralladoras, secuestros de opositores y control directo sobre policías estatales y municipales para blindar las operaciones del cártel.
No son “dichos”. Es una acusación formal con pedido de extradición y, presumiblemente, fichas rojas de Interpol.
¿Y qué hace México? La FGR —la misma que depende del gobierno de Claudia Sheinbaum— los cita a declarar en su territorio, en la capital del estado que presuntamente gobernaron para el cártel. Sin presión real, sin entrega inmediata, sin consecuencias visibles. Inzunza, que lleva semanas sin pisar el Senado pero sigue cobrando su sueldo de más de 300 mil pesos mensuales, se presenta “como abogado de sí mismo” y sale tan campante. Rocha Moya repite que “no tiene nada que temer” y agradece el “liderazgo honesto” de Sheinbaum.
Esto no es justicia. Es un montaje para ganar tiempo, lavar imagen y mandar un mensaje claro: en México, los aliados del poder siguen protegidos por el poder. Mientras tanto, la verdadera rendición de cuentas la tendrán que dar —si es que algún día los extraditan— en una corte estadounidense donde las pruebas no se resuelven con un cafecito en Culiacán.
El cinismo es brutal: invocan “soberanía nacional” mientras supuestamente vendían al país al mejor postor del narco. Hablan de verdad y justicia quienes, según EE.UU., construyeron sus carreras políticas con dinero y balas del cártel.
México no puede seguir tolerando este doble rasero. Mientras los morenistas se dan baños de pureza en la FGR, el daño a las instituciones y a la credibilidad del país es cada vez más profundo. La pregunta ya no es si son inocentes o culpables. La pregunta es por qué, una vez más, el Estado mexicano actúa como escudo en lugar de como espada de la ley.







