Crisis en la 4T: Sheinbaum admite que quiso hacer modificaciones a los libros de texto de AMLO y Marx Arriaga se negó; por eso lo echaron
Esta crisis va más allá de un simple ajuste curricular o administrativo. Representa la primera confrontación visible entre el ala más radical e ideológica del obradorismo.
CDMX.— El escándalo en la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha escalado a niveles inéditos en los primeros meses del gobierno de Claudia Sheinbaum, exponiendo fisuras profundas en el interior de Morena y del proyecto de la Cuarta Transformación (4T). Marx Arriaga Navarro, el controvertido arquitecto de los libros de texto gratuitos de la Nueva Escuela Mexicana durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), permanece atrincherado desde el viernes 13 de febrero de 2026 en su oficina de la Dirección General de Materiales Educativos, en la sede de la SEP en Ciudad de México. Ya acumula más de 72 horas de resistencia, transmitiendo en vivo y denunciando un “despojo” y una traición al legado obradorista.
El detonante del conflicto fue la decisión de removerlo del cargo, justificada oficialmente por desacuerdos en la actualización de contenidos. La presidenta Claudia Sheinbaum reconoció públicamente que existió un “desencuentro” porque Arriaga se negó a realizar modificaciones a los libros de texto, particularmente para incorporar mayor visibilización del rol de las mujeres en la historia mexicana —pasando de un enfoque centrado en “héroes” a incluir “heroínas de la patria”—. Sheinbaum enfatizó que “los libros de texto no son patrimonio de una persona” y reafirmó que el núcleo de la Nueva Escuela Mexicana se mantendrá intacto, aunque admitió ajustes puntuales. Además, reveló que se le ofrecieron alternativas al funcionario, incluyendo un posible consulado en el exterior o reasignaciones dentro del gobierno, opciones que Arriaga rechazó.
Esta crisis va más allá de un simple ajuste curricular o administrativo. Representa la primera confrontación visible entre el ala más radical e ideológica del obradorismo —encarnada en figuras como Arriaga, quien defendió un enfoque crítico, anti-neoliberal y con fuerte impronta histórica revisionista— y el pragmatismo que Sheinbaum parece intentar imponer para consolidar su propio liderazgo. Arriaga, cercano históricamente a Beatriz Gutiérrez Müller y visto como un guardián del “legado puro” de AMLO, ha convertido su resistencia en un símbolo de disidencia interna: acusa a la SEP de estar infiltrada por elementos “neoliberales” y “cloacas” que buscan diluir la transformación educativa. Sus transmisiones en vivo y llamados a la defensa de los libros han resonado en sectores leales al expresidente, pero también han generado críticas por irregularidades administrativas y presuntas prácticas de corrupción en su gestión, según denuncias de trabajadores de la propia dependencia.
El episodio evidencia pugnas internas en Morena que se venían gestando desde la transición presidencial. Mientras Sheinbaum busca proyectar una imagen de continuidad con correcciones pragmáticas —evitando confrontaciones innecesarias con sectores críticos de los libros de texto, como padres de familia, oposición y organismos internacionales—, el sector más ortodoxo del lopezobradorismo percibe estos movimientos como una deslealtad al proyecto original. La intervención del secretario de Educación, Mario Delgado, quien negó desalojos forzados y acusó a Arriaga de rechazar acuerdos previos, no ha calmado las aguas; al contrario, ha avivado narrativas de “purga” y “traición”.
En el fondo, este caso desnuda la dificultad de Sheinbaum para heredar sin cuestionar el legado de AMLO. Al desligarse sutilmente de posiciones rígidas —como la inmodificabilidad absoluta de los contenidos elaborados bajo su antecesor—, la presidenta genera tensiones con los fieles guardianes del obradorismo, quienes ven en cada ajuste una capitulación. El atrincheramiento de Arriaga no es solo un acto de rebeldía personal: es el síntoma más visible hasta ahora de que la 4T, lejos de ser un bloque monolítico, enfrenta disputas por el control del relato histórico, la dirección ideológica y el poder real dentro del movimiento que llevó a Morena al gobierno.
Hasta el momento, la situación permanece en punto muerto. La SEP ha abierto convocatoria para el relevo en la dirección, pero Arriaga insiste en no abandonar su oficina sin un oficio legal formal. Lo que comenzó como un desacuerdo técnico sobre libros de texto se ha transformado en un espejo incómodo de las fracturas internas que podrían definir —o complicar— el sexenio de Claudia Sheinbaum.



