CDMX.- La Comisión Reguladora de Telecomunicaciones presentó este 26 de agosto las “precisiones” a los Lineamientos generales para la protección de los derechos de las audiencias, después de una consulta pública que reunió más de 8 mil comentarios. Norma Solano, presidenta de un organismo que ya no es autónomo, insiste en que no hay censura: la CRT no quitará ni modificará contenidos. Las sanciones, ahora acotadas, se aplicarán solo si un medio no tiene defensoría de audiencias, código de ética o mecanismo de quejas. También eliminaron el vago “derecho a no recibir información descontextualizada” que había encendido las alarmas.
El problema no es el texto final, más suave que el anteproyecto. El problema es quién lo aplica y con qué historial. El gobierno de Morena prometió no robar, no mentir y no traicionar. Hoy controla el regulador que vigilará que los noticieros distingan “información veraz” de opinión y que atiendan quejas de quien se sienta ofendido. En un país donde el poder ya usa la publicidad oficial, las demandas y el linchamiento mediático contra voces críticas, convertir la “tutela” de las audiencias en facultad de un órgano dependiente del Ejecutivo no es inocente. Es el mismo patrón: primero niegan la intención, después administran la herramienta.
Creer que esta vez sí cumplirán el “no hay censura” es ignorar cómo opera el poder cuando le entregan palancas sobre la información. Los lineamientos entran en vigor 30 días después de su publicación. El escepticismo no es paranoia: es memoria.
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