CDMX.- La investigación de Proceso dejó claro el esquema: Los años heridos, serie de ocho capítulos sobre la Guerra Sucia basada en el libro de Fritz Glockner, recibió 84 millones 118 mil pesos de recursos públicos vía adjudicaciones directas a Gravedad Cero Films, sin licitación alguna. La CNDH aportó 60 millones, Capital 21 unos 12.76 y Canal Once 11.36. Jesús Ramírez Cuevas, exvocero de López Obrador y hoy coordinador de asesores de Sheinbaum, figura como asesor general en todos los créditos y encabeza los agradecimientos. El dinero pasó por su círculo: Glockner (quien cedió los derechos exclusivos mientras dirigía Educal y ahora es secretario de Cultura de Puebla) y Erwin Neumaier (fundador de la productora y exdirector de Cepropie, que trabajó con él en las mañaneras). El costo por minuto se disparó a unos 157 mil pesos, entre 8 y 11 veces más que otros proyectos de la misma casa productora para Canal Once.
En octubre Sheinbaum admitió que Ramírez le había platicado del proyecto. Proceso le mandó cinco preguntas directas sobre su rol, posibles gestiones de fondos, beneficios económicos o notificaciones a controles internos; no respondió ninguna. Tampoco lo hicieron Rosario Piedra, presidenta de la CNDH, ni la productora. La CNDH justificó el convenio alegando que la empresa tenía los derechos de la obra y que se trataba de “memoria y verdad”, pero eso no explica ni el sobrecosto ni la ausencia total de competencia. El contraste es obsceno: el mismo funcionario que en 2020, desde Palacio Nacional, leía en voz alta cuánto cobraban del Estado las revistas de sus “adversarios”, hoy encabeza los créditos de una producción financiada exactamente con ese erario y se niega a contestar.
Esto no es un “error de procedimiento” ni un conflicto de interés menor. Es el patrón de la 4T cuando se trata de los propios: predicaban austeridad y transparencia mientras arman cadenas de adjudicaciones directas entre funcionarios y exfuncionarios cercanos, inflan costos y después callan. El silencio de Ramírez Cuevas no es omisión; es la respuesta más elocuente. Mientras tanto, el dinero público sigue fluyendo a proyectos donde los nombres del círculo aparecen primero en los agradecimientos y la rendición de cuentas queda para después, o para nunca.
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