Chiapas.- Pío López Obrador, hermano del expresidente Andrés Manuel López Obrador, anunció este 6 de octubre que pidió su registro en Morena para la coordinación distrital de los Comités de Defensa de la Transformación por el Distrito 9 de Chiapas, con cabecera en Tuxtla Gutiérrez. Ese cargo es el paso interno previo a la candidatura a diputado federal en 2027. En el video lo llamó “compromiso moral”, recordó que lleva 60 años en el estado y dijo que se someterá a la encuesta y a que “el pueblo pone y el pueblo quita”. El movimiento no es aislado: el 1 de octubre, Andrés Manuel López Beltrán, “Andy”, hizo lo propio por el Distrito 6 de Tabasco. Dos apellidos, dos curules en la mira.
El problema es el currículo que pretende dejar atrás. En 2020, videos difundidos por Latinus lo mostraron recibiendo sobres con dinero en efectivo de David León Romero, entonces operador de Manuel Velasco. Él dijo que eran aportaciones para el movimiento, no para su bolsillo. La fiscalía electoral determinó en 2022 el no ejercicio de la acción penal; el 18 de marzo de 2026 la Sala Superior del TEPJF confirmó, por unanimidad, que el INE no encontró elementos suficientes para una infracción electoral. Cerrar un expediente por falta de prueba no borra las imágenes ni convierte el episodio en un “montaje” resuelto. En septiembre, además, promovió un amparo contra la FGR por la dilación de otra carpeta abierta en 2023, distinta del caso electoral ya archivado y todavía sin definición pública.
Llamarlo compromiso moral es el cinismo de fondo. Una diputación federal no es un apostolado: trae fuero, nómina y la protección política que el apellido ya disfrutó cuando las cámaras no alcanzaron para una condena. Pío ya fue candidato por ese mismo distrito en 2009 y perdió. Ahora regresa cuando el partido que fundó su hermano reparte candidaturas y cuando el hijo del expresidente hace la misma fila. No es relevo: es herencia. El pueblo, el mismo que “pone y quita”, ya vio los sobres.
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