CDMX.- Guadalupe Taddei presentó (o presentará este lunes 26 de octubre) su renuncia a la presidencia del INE ante la Cámara de Diputados, después de días en que juró y perjuró que no se iba “para proteger a la institución”. El comunicado oficial apareció, luego desapareció, y al final la salida se formalizó en medio del escándalo que Latinus, Reforma y la Auditoría Superior de la Federación (ASF) documentaron con contratos, videos y vínculos familiares que ya no se podían esconder.
No era el primer aviso. Hace meses, el reportero de Latinus Jorge Monroy le preguntó en una conferencia por los contratos adjudicados a empresas vinculadas a José Alfredo Hernández Casillas (Cajas Graf, Corporativo Zeg y otras). Taddei le respondió que le parecía “muy majadero”. Hoy ese mismo reportero, junto con Carlos Loret y el resto del equipo, exhibió los videos de la cercanía (incluido el del hijo de Taddei en un hotel de lujo en París con Hernández diciéndole “París a tus pies, chamaquito”), los contratos por cientos de millones (cerca de 198 millones solo en 2024-2025 para material electoral, más los previos en Sonora) y las irregularidades que la ASF investiga de oficio: posibles conflictos de interés, colusión, triangulación y contratos simulados.
Morena y sus aliados la cobijaron mientras pudieron. La nombraron, la sostuvieron cuando ya había reportajes y cuando la oposición (PAN incluido, con Jorge Romero advirtiendo que si se simulan contratos se pueden simular elecciones) pedía que se separara. Hasta que los videos y las cifras se hicieron imposibles de defender con el discurso de “ataque político” y “probidad”. Entonces llegó la “profunda reflexión” y la renuncia.
El cargo se lo quitan (o se lo quita ella), pero eso no borra las cuentas. La ASF ya abrió investigación; el Órgano Interno de Control y la UIF tienen material desde antes. Dejar la silla no esclarece quién firmó qué, quién se benefició ni quién pagó el viaje de París. Si de verdad se quiere proteger al INE, las responsabilidades administrativas y, en su caso, penales tienen que seguir, no archivarse con un comunicado solemne.
Y aquí el detalle que no se puede ignorar: las notas y reportajes de Latinus (y Reforma) sí fueron evidencia suficiente para que Taddei se fuera. En otros casos de políticos de Morena y aliados expuestos con igual o mayor contundencia —contratos, redes, videos, factureras— la respuesta ha sido el silencio institucional, la defensa corporativa o, en el peor de los casos, convertirlos en candidatos. La diferencia, al parecer, no fue la evidencia. Fue que esta vez ya no pudieron sostenerla más… y de paso, que no es tabasqueña ni tiene el apellido correcto.






