CDMX.- Hace menos de dos años, en la Cámara de Diputados, legisladores de Morena coreaban a gritos “¡No estás solo!” mientras abrazaban a Rubén Rocha Moya. El gobernador de Sinaloa enfrentaba entonces señalamientos por su presunta presencia en la reunión donde secuestraron a “El Mayo” Zambada. Hoy, con una acusación formal del Departamento de Justicia de Estados Unidos por conspirar con Los Chapitos para traficar fentanilo, heroína y cocaína a cambio de protección y sobornos, el mismo partido lo dejó solo.
El 29 de abril de 2026, fiscales de Nueva York imputaron a Rocha y a otros nueve funcionarios y exfuncionarios sinaloenses. Dos días después pidió licencia. Tras 112 días, el 21 de agosto regresó al cargo asegurando que la FGR no halló “mínimos elementos” en su contra y que volvía “con la frente limpia”. Segob respondió de inmediato: la investigación sigue abierta. Claudia Sheinbaum fue directa: no le parecía pertinente el regreso; “ningún acto personal se sobrepone a los intereses del pueblo”. Al día siguiente Rocha pidió otra licencia indefinida. El Congreso local la aprobó en fast track.
Ahora llega la parte más cínica. La senadora Julieta Ramírez niega haber respaldado públicamente a Rocha… mientras circula el video en el que ella misma grita el famoso “¡No está solo!”. Arturo Ávila hace lo mismo: dice que no lo defendía, pero las imágenes lo desmienten. Gerardo Fernández Noroña pasó del rechazo categórico a un tibio “está en proceso de investigación”. Adán Augusto López, cuando le preguntan por la nueva licencia y por Andy López Beltrán, responde con un seco “no doy declaraciones de ningún tema”.
No es un cambio de postura por nuevas pruebas. Es la misma maroma de siempre: primero se arropa al compañero mientras conviene, se invoca la soberanía y se acusa de injerencia extranjera. Cuando la presión de Washington y el costo político suben, se activa la amnesia colectiva y se le deja caer. Rocha no está solo porque el partido lo abandonó; está solo porque Morena priorizó blindarse a sí misma.
La investigación de la FGR sigue abierta. Estados Unidos mantiene los cargos. Y el pueblo de Sinaloa, el que realmente paga la factura de la violencia, observa cómo el discurso de “transformación” se acomoda a conveniencia.
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