Delgado: ¿El traidor de la 4T en la SEP?
Marx Arriaga acusa a Mario Delgado de querer “obreros agachones” en los libros de texto
Chihuahua.- Marx Arriaga, el exdirector de Materiales Educativos de la SEP destituido apenas hace días, no se mordió la lengua al acusar directamente a Mario Delgado de orquestar un plan siniestro para reformar los libros de texto gratuitos. En un video grabado en el aeropuerto de Chihuahua, Arriaga denuncia que Delgado busca moldear una educación sumisa, ideal para “obreros agachones” en maquiladoras con mano de obra barata, sin tocar los intereses de los empresarios. Esto, según él, es parte de una infiltración neoliberal que traiciona los principios de la Cuarta Transformación, con sindicatos cómplices que boicotean una educación justa y democrática. La presidenta Sheinbaum ha intentado minimizar el escándalo, asegurando que los cambios solicitados solo buscan incluir más sobre el rol de las mujeres en la historia, pero documentos internos revelan una cirugía mayor: cientos de modificaciones que Arriaga rechazó por considerarlas un atentado al legado de López Obrador.
Esta pugna interna en Morena expone las grietas de un gobierno que presume izquierda pero flirtea con el capital. Delgado, el flamante secretario, le ofreció a Arriaga una embajada en Costa Rica o un cambio de área para callarlo, pero el exfuncionario optó por la rebelión pública, atrincherándose en su oficina y llamando a “refundar” la SEP. Es patético: mientras la base obrera exige reformas laborales reales, como las 40 horas semanales con sus 2 días de descanso, los altos mandos pelean por contenidos educativos que, en el fondo, sirven para perpetuar un sistema explotador. Arriaga podría ser un mártir o un extremista, pero sus acusaciones destapan la hipocresía de una administración que prioriza la imagen sobre la transformación real.
Si esto no es una bofetada a los ideales de la 4T, ¿qué lo es? Delgado representa lo peor del priísmo reciclado en Morena, infiltrando instituciones para diluir la lucha social. La SEP, en lugar de empoderar a los estudiantes, se convierte en campo de batalla de egos y agendas ocultas, dejando a millones de niños con libros que, cambien o no, siguen fallando en romper cadenas de desigualdad.



