CDMX.- En plena discusión de la reforma judicial, la diputada morenista Maribel Solache admitió con descaro que usó “acordeones” durante la elección popular de ministros, magistrados y jueces de 2025. No solo eso: presumió que los ha empleado desde la primaria hasta sus maestrías en la UNAM y que su madre, de 77 años y con solo primaria, también llevó el suyo. Lo que para cualquiera sería una confesión vergonzosa, para ella fue un “método de estudio” y una herramienta de los pobres.
La declaración, difundida ampliamente en redes, confirma lo que la oposición y miles de ciudadanos denunciaron desde el principio: la supuesta “elección judicial” fue una farsa organizada. Listas prefabricadas, votantes guiados y ahora la propia confesión de una legisladora del partido en el poder. Todo bajo el pretexto de “democratizar” la justicia.
Qué cinismo más repugnante. Normalizar la trampa como virtud revela exactamente el nivel intelectual y ético que Morena considera suficiente para legislar y “elegir” a quienes impartirán justicia en México. No es pobreza, diputada: es mediocridad convertida en política de Estado. Y el país paga las consecuencias.
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