Ciudad de México.— El diputado priista Carlos Gutiérrez Mancilla volvió a ocupar el centro de la escena en San Lázaro. Lo hizo en una sesión de casi 12 horas sobre la reforma constitucional que exige renunciar a cualquier otra nacionalidad para competir por la Presidencia, una gubernatura o la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Tras unas diez horas de debate, el legislador subió a tribuna con una gorra verde que decía “Make Mexico Safe Again”, una paráfrasis del lema de campaña de Donald Trump. El gesto se produjo en un recinto ya encendido: el oficialismo acusaba a la oposición de traición a la patria por rechazar la iniciativa de Claudia Sheinbaum; PAN, PRI y MC respondían que el verdadero problema de soberanía es la violencia y los presuntos vínculos de políticos con el crimen organizado.
La reforma fue aprobada esa misma noche por la mayoría de Morena, PT y Verde, sin cambios de fondo respecto al texto presidencial, y se envió al Senado. La oposición usó las reservas y los turnos en tribuna para hablar de inseguridad, del caso Sinaloa y las acusaciones contra Rubén Rocha, de Chihuahua y la presencia de agentes de la CIA, del huachicol fiscal y de figuras de ambos lados, entre ellas Ernesto Ruffo, Francisco García Cabeza de Vaca, Adán Augusto López y Andrés López Beltrán.
En ese clima, Gutiérrez Mancilla se colocó la gorra y acusó al oficialismo de haber “robado” la tranquilidad del país. Pidió que “en cada rincón del territorio nacional impere la ley” y sostuvo que eso, y no un discurso “patriotero”, es soberanía. Según coberturas de la sesión, también se refirió a legisladores de Morena con insultos del tipo “morenarcos”. El bloque oficialista protestó y más tarde lo acusó de abrir la puerta a una injerencia de Trump.
El priista, cercano a Alejandro “Alito” Moreno, retomó el discurso que Trump pronunció horas antes ante la ONU sobre el poder de los cárteles en México. También criticó al INE por restringir en redes expresiones como “narcopartido”, “narcogobierno” o “narcopresidenta”, y dijo que el instituto se ocupa más de callar a la oposición que de la violencia.
No es la primera vez que Gutiérrez Mancilla aparece en un incidente de alto voltaje. Acompañó a Moreno en el zafarrancho del Senado contra Gerardo Fernández Noroña; estuvo a punto de llegar a los golpes con el morenista Zenyazen Escobar, a quien llamó borracho desde tribuna; y en agosto se enfrentó en el patio del Senado con el vocero de Morena Arturo Ávila.
La escena de la gorra condensó dos discusiones que ya no se separan en el Congreso: la de quién puede gobernar México y la de quién controla el territorio.



