Dos semanas, dos estados panistas y la misma presidenta: Claudia Sheinbaum anuncia el golpe y corrige después, cuando el hecho ya no coincide con el relato.
El 17 de septiembre la Fiscalía General de la República aseguró 59 millones 36 mil 870 litros de combustible en una terminal de La Fragua, San José Iturbide, Guanajuato: 33,5 millones de gasolina regular, 7,3 de premium y 18,3 de diésel, más diez tanques y unidades de carga.
La pista venía del 3 de julio, de una pipa de 33 mil litros en San Luis de la Paz. En el predio grande no hubo detenidos. Sheinbaum lo llevó a la mañanera como nueva línea de investigación y como golpe al huachicol. El operativo se vendió como el mayor decomiso del sexenio.
La terminal no era clandestina. La opera Gas Natural del Noroeste, de Grupo SIMSA, con permisos de almacenamiento desde hace unos nueve años. La empresa dijo que el combustible no es suyo, sino de clientes permisionarios.
La FGR respondió que no todas las empresas habían entregado la documentación y atrajo el caso a la Fiscalía de Delincuencia Organizada. Asegurar litros de origen no acreditado es una cosa. Decomisar 59 millones de litros de huachicol es otra. Lo primero ocurrió. Lo segundo lo dijo la presidenta antes de que el expediente lo sostuviera.
El lunes 5 de octubre se repitió, ahora en Querétaro. Sheinbaum reclamó que Mauricio Kuri y el embajador Ronald Johnson hubieran colocado la primera piedra de una academia policial internacional sin avisar a la Secretaría de Relaciones Exteriores ni al Gabinete de Seguridad.
Dijo que no era delito, pero que había que exhibirlo, y ordenó al canciller Roberto Velasco llamarlos. El mismo día apareció el oficio con el que el gobierno de Kuri sí informó a la cancillería, y las fotos de representantes de la Sedena, la FGR y la Guardia Nacional en el acto. El desaire se desinfló.
Guanajuato y Querétaro no son el escenario accidental. En los dos gobierna el PAN, y en los dos el relato salió de Palacio Nacional. No hace falta una conspiración para ver el método: Sheinbaum exhibe antes de cerrar el expediente y, cuando el papel no alcanza, queda la frase de que hay que investigarlo.
En Guanajuato, huachicol donde había una terminal permisionada. En Querétaro, silencio donde había aviso.
El huachicol existe, y una academia policial con un embajador extranjero sí exige canal federal. Por eso no se puede quemar el caso en la mañanera. Quien anuncia el delito antes de la prueba, y el desaire antes del oficio, termina defendiendo el micrófono.
Dos pifias consecutivas no son de la Fiscalía ni del gobernador de turno. Son de Sheinbaum.




