CDMX.- El viernes, en un pasillo del Estadio Olímpico Universitario, durante el Pumas vs América de la Liga MX Femenil, un aficionado con playera azul del club universitario le soltó dos golpes en la cara a un trabajador de la tercera edad que vendía bebidas. El hombre estaba recargado contra la pared, no se defendió y no aparece provocando en el video que se viralizó. Otros asistentes —incluida una mujer con camiseta del América que gritaba “¡Hey Fabrizio, ya!”— intentaron contener al agresor y a su acompañante. El trabajador se apartó. Eso es lo que muestran las imágenes, no una “bronca de tribuna” cualquiera.
El Club Universidad respondió al día siguiente con el comunicado de siempre: activó “protocolos”, privilegió la seguridad y “retiró” a la persona involucrada. Ni nombre, ni denuncia ante la Fiscalía, ni anuncio de veto permanente. En redes la reacción fue inmediata y justa: retirar a alguien que golpeó a un adulto mayor que estaba trabajando no es sanción, es trámite. El Olímpico no es un estadio cualquiera; es de la UNAM, la misma institución que en años recientes ha cargado con denuncias de grupos de choque, extorsiones y la muerte de un aficionado a manos de personal de seguridad. Este caso encaja en esa costumbre de minimizar lo que ocurre dentro de sus instalaciones.
Exigir que la Fiscalía de la Ciudad de México y la propia universidad presenten denuncia no es “linchamiento digital”. Es lo mínimo cuando hay video, testigos y un lesionado que no contestó. Mientras Pumas se limite a sacar al agresor por la puerta y las autoridades callen, el mensaje queda claro: en CU se puede partirle la cara a un vendedor de edad y el costo es que te echen del partido. Eso no es protocolo. Es impunidad con membrete universitario.
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