Washington.- El 18 de septiembre el Departamento de Guerra de Estados Unidos soltó el sexto lote del programa PURSUE: 71 archivos —55 documentos, 15 videos y un audio— que van de 1952 a 2025. Lo más publicitado es la grabación de marzo de 1952 del capitán Edward J. Ruppelt, entonces al frente de lo que sería el Proyecto Blue Book: un briefing de una hora en el que, según el propio expediente oficial, de unos 800 casos revisados cerca del 20% quedó sin explicación técnica. También hay el filme de Tremonton, Utah (2 de julio de 1952), reportes de esferas sobre el Medio Oriente a unos 480 mph en 2025 y papeles del programa AAWSAP (2008-2012).
El truco es viejo y funciona: vender como “revelación histórica” lo que en buena parte ya circulaba por solicitudes de información o está tan tachado que no se sostiene. De esos 71 archivos, 64 llegan con redacciones. Los 37 informes técnicos de AAWSAP sobre motores de curvatura, agujeros de gusano o antigravedad ya habían salido por la DIA. Ruppelt, en 1952, no anunció invasores: pidió datos físicos y reconoció que no había prueba concluyente del origen. Setenta y cuatro años después, AARO sigue diciendo lo mismo: no hay evidencia verificable de tecnología extraterrestre; lo que sobra son casos “sin resolver” por falta de datos.
Esta no es transparencia: es espectáculo. Se cambia el membrete a “Departamento de Guerra”, se sube un audio de la Guerra Fría y se espera que el público confunda archivo abierto con respuesta. El gobierno estadounidense no está entregando la nave; está dosificando misterio a cuentagotas, con tijera en mano, mientras el expediente de verdad —sensores limpios, cadena de custodia, análisis replicable— sigue en la caja fuerte. Quien quiera platillos, que los busque en el cielo. En war.gov/UFO lo que hay, otra vez, es papel, tachones y una pregunta de 1952 que Washington todavía no se atreve a cerrar.
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