Puebla.- En Nealtican, durante los festejos del 15 de septiembre, el presidente municipal de Juan C. Bonilla, José “Pepe” Cinto Bernal —reelecto por el Verde con el sello de Morena—, aparece en un video cargando a una mujer sobre el hombro y dándole nalgadas mientras da vueltas. No es un rumor de cantina: lo publicaron medios locales y el dirigente panista Mario Riestra, que preguntó en voz alta por qué el partido que presume “con las mujeres, todo” calla cuando uno de los suyos las trata como adorno de feria. Hasta el 23 de septiembre el alcalde no había dado la cara.
Ese silencio no es un accidente. Cinto ya había sido exhibido en agosto, cargado él mismo en otra fiesta, y su administración arrastra opacidad en contratos de obra y un presunto daño patrimonial de más de 6.7 millones detectado por la Auditoría Superior del Estado. Hasta su hermana, Belén Cinto, lo acusó de encubrir la inseguridad. El patrón es viejo y mexicano: el poder local se disfraza de “pueblo alegre” para normalizar lo que en cualquier otro sitio se llamaría acoso.
Lo grave no es solo el gesto. Es que un servidor público, en un estado con alerta de género, convierte una celebración patria en espectáculo de tocamientos y después se esconde. Si esto no merece sanción política ni una disculpa pública, entonces el discurso de igualdad de la 4T en Puebla no es más que otro grito hueco el 15 de septiembre.
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