CDMX.- En 2016, cuando Morena aún no llegaba al poder, un audio filtrado mostró a Andrés Manuel López Beltrán —entonces un joven operador con acento de chilango fresa— hablando con Yeidckol Polevnsky, entonces secretaria general del partido. En la llamada, Andy insiste en que “el partido es el que debe contratar y no una donación”, propone usar “una empresa conocida nuestra y de confianza” y que ellos facturen, porque “ellos son los que nos facturan a nosotros”. Polevnsky explicó después que se trataba de contratar a un grupo musical para el cierre de campaña en Veracruz y que el audio estaba editado. El contenido, sin embargo, quedó: un esquema de intermediación mediante empresa de confianza para mover recursos del partido.
Casi una década después, el mismo audio reaparece mientras investigaciones periodísticas documentan contratos millonarios a empresas vinculadas al círculo de Andy y su hermano Gonzalo durante el sexenio de su padre, triangulaciones de recursos federales y menciones a “Andy” en expedientes de huachicol fiscal. Mexicanos Contra la Corrupción y Latinus han publicado documentos y grabaciones sobre el entorno de los López Beltrán y operadores como Amílcar Olán. Andy ha negado vínculos con Olán y con el contrabando de combustible, calificando las acusaciones de “guerra sucia”. La Fiscalía ha dicho que no tiene elementos suficientes para investigarlo formalmente. El contraste entre el discurso de austeridad y “no somos iguales” y estos esquemas de intermediación privada es difícil de ignorar.
Lo que el audio de 2016 revela no es un error aislado, sino un método que se volvió práctica: usar empresas de confianza para formalizar flujos de dinero que el partido o el gobierno no podían manejar directamente. Que hoy se recircula justo cuando surgen nuevos señalamientos sobre el mismo círculo no es casualidad. El patrón está documentado; las explicaciones oficiales siguen siendo las de siempre.
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