Celaya.- Este viernes 18 de septiembre, en el Ecoforum de Celaya, Claudia Sheinbaum llevó su gira del Segundo Informe a un recinto calculado para unas 20 mil personas… y el aforo se comió la logística. Sobrecupo, empujones y accesos cerrados dejaron a senadores y diputados de Morena haciendo lo que el resto de mortales hace todos los días: esperar, explicarse y, si hace falta, gritar. Lo documentó la prensa local y lo exhibió el video que recorre X: charola en mano, protocolo de seguridad de por medio y ni una credencial que convenciera a la valla.
Ahí aparecen el senador Emmanuel Reyes presionando y tomando fotos porque no lo dejaban pasar; Malú Micher aclarando quién es y de dónde viene; Aldo Márquez atorado en la masa; Alan Márquez encarando a quien le negó la entrada; Bárbara Botello y Hades Aguilar frenados en seco. La escena tiene gracia amarga: el mismo movimiento que presume “el pueblo” descubrió que, cuando el pueblo ya está adentro y la puerta se cierra, el escaño no funciona como llave maestra. Al final la mayoría sí entró, sí. Pero no sin antes probar el menú completo del ciudadano de a pie: empujón, humillación ligera y cara de “¿no saben quién soy?”.
La crítica no es al filtro —con presidenta en sitio, el protocolo no es capricho—, sino a la costumbre. Si el acto era de rendición de cuentas y no de alfombra roja, extraña tanto desconcierto entre quienes legislan filas, aforos y “orden”. En Celaya también hubo abucheos a la gobernadora Libia Dennise y un llamado presidencial al respeto; el dato encaja con el resto: más teatro que control. Mucho cargo, poca entrada. Y una lección que no cabe en el informe: el poder se siente distinto cuando te lo miden en alambre y torniquete.
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