Guerrero.- Cinco de los siete campesinos del ejido El Balcón, en Ajuchitlán del Progreso, Guerrero, aparecieron esposados y con ropa de camuflaje en un video que circuló el 7 de octubre. El padre Filiberto Velázquez, director del Centro Minerva Bello, confirmó a Azucena Uresti que las familias los reconocieron y que fueron obligados a decir lo que se escucha: que pertenecían a “Los Granados”. La comunidad ya había advertido que esa ropa no es la que llevaban el 24 de septiembre, cuando hombres armados los levantaron en el paraje La Lajita junto con otras personas mientras iban al campo. De los ocho sustraídos, el niño Jordi Alberto Atanacio Vidal, de 12 años, fue soltado alrededor del 2 de octubre. No volvió libre: volvió de mensajero. Los captores, a los que pobladores y reportes locales atribuyen a La Familia Michoacana, condicionaron al resto a que el ejido entregue tierras, bosques y el paso hacia la Costa Grande.
Los que siguen en manos del grupo son, según las listas difundidas por familiares y medios, Everardo León Atanacio, de 17 años; Fidel Quirino Atanacio, de 54; Isidro Brito Arriola, de 32; Eulises Medrano López, de 26; José Leodanis Medrano López, de 24; Domingo Atanacio Quirino, de 50, y Nicolás Atanacio González, de 74. El sacerdote dice que al menos cinco están vivos y que los siete seguirían en la Tierra Caliente; de dos no hay certeza. Entregó posibles ubicaciones y teléfonos al Poder Judicial. El Juzgado Noveno de Distrito ya ordenó la búsqueda mediante el amparo 412/2026. Cientos de ejidatarios marcharon en la sierra y advirtieron que irían a Palacio Nacional. Nada de eso ha producido una liberación.
El video no es un avance de inteligencia federal. Es un montaje del grupo que los tiene, usado para criminalizar a campesinos que se negaron a ceder el territorio y para fijar el precio del rescate: la tierra. Catorce días después, la única prueba de vida que existe la produjo el cártel, no el Estado. Mientras el gobierno habla de control territorial, en la sierra de Guerrero un grupo criminal secuestra, filma y negocia hectáreas a cambio de personas. Eso no es una falla de comunicación. Es la prueba de que, en El Balcón, quien manda no es quien gobierna.
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