CDMX.- El empresario Manuel Díaz, socio fundador y expresidente del Instituto Mexicano de Ejecutivos en Comercio Exterior (IMECE), presentó su renuncia este 26 de octubre tras confirmarse que el organismo mantendría la invitación al senador Miguel Ángel Yunes Márquez como conferencista de apertura en su XXI Convención Anual, el próximo 5 de noviembre en la Hacienda de los Morales. Díaz, quien presidía el Consejo Consultivo, fue claro: no puede aceptar que una organización de la sociedad civil combata a “políticos repugnantes” y, al mismo tiempo, les abra las puertas. El presidente del IMECE, Christian Basurto, decidió sostener la invitación pese a las objeciones internas.
Yunes Márquez no es un invitado cualquiera. En septiembre de 2024 rompió la disciplina del PAN y votó a favor de la reforma judicial impulsada por Morena, dándole al oficialismo la mayoría calificada que necesitaba en el Senado. El PAN lo expulsó —junto a su padre— por traición al partido y, según la dirigencia, al país. Posteriormente intentó sumarse a Morena, pero el partido lo rechazó por formalidades y por la resistencia interna ante los señalamientos históricos de corrupción que pesan sobre el clan. Hoy el IMECE lo presenta como “Presidente de la Comisión de Hacienda y Crédito Público” en un evento de pago (entre 4,500 y 5,500 pesos más IVA) titulado “México 2027: Posicionamiento Estratégico ante los Retos del Comercio Global”.
Lo que revela esta renuncia no es solo un desacuerdo interno: es la normalización, en espacios empresariales que se dicen independientes, de políticos que venden su voto y luego pretenden lavarse la cara como expertos en comercio exterior. Mientras el sector privado exige Estado de derecho y certidumbre, organiza foros de alto costo para quien facilitó el desmantelamiento del Poder Judicial. La congruencia de Díaz deja en evidencia la comodidad de muchos otros: se puede criticar a Morena en privado y cobrarle entrada a sus aliados oportunistas en público. Si la sociedad civil no traza líneas claras frente a quienes negocian su lealtad, el discurso de “principios” se vuelve puro teatro.





