CDMX.- En Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum volvió a insistir en que el gobierno no censura a nadie. El mismo día, en el Senado, las comisiones de mayoría de Morena y aliados ya habían sacado adelante —con 34 votos a favor— el artículo 403 Bis de la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial, la reforma bautizada como “ley antimemes”: de uno a cinco años de prisión y multa de mil a 10 mil UMA por usar a escala comercial la identidad gráfica institucional para inducir al error o al engaño con ánimo de ilícito. La iniciativa partió del Ejecutivo en mayo. La redacción original contemplaba hasta siete años y un lenguaje tan amplio que la oposición advirtió que podía alcanzar parodias y sátiras. El “matiz” de último minuto no incluyó una exclusión expresa de memes o crítica política. PRI y PAN votaron en contra; MC se abstuvo. El dictamen sigue camino al pleno.
La senadora priista Carolina Viggiano lo dijo sin rodeos: “van cercenando nuestros derechos”. Acusó al INE de notificarle el retiro de un retuit de Alejandro Moreno y ligó ese acto con una reforma que, según ella, importa cárcel para las voces críticas. El gobierno y senadores oficialistas responden que se combate piratería y fraude, no la sátira. El problema no es el eslogan: es que una norma penal ambigua se aplica después, no en la conferencia. Artículo 19 ya alertó el riesgo de que intermediarios retiren contenidos “por si las dudas”. Cuando el poder necesita explicar que “no es censura” después de suavizar una pena de prisión, el debate ya no es técnico: es de confianza.
La secuencia es política, no accidental. Primero se manda un texto peligroso. Luego, ante el ruido, se recorta la pena y se cambia “cualquier signo oficial” por “escala comercial” y “ commeter un ilícito”. Después, en la mañanera, se niega lo que el Congreso todavía no cierra. Un Estado que se ofende con un meme y al mismo tiempo pide cárcel por el uso de su imagen no está defendiendo la propiedad industrial: está midiendo hasta dónde puede asustar sin admitirlo. Si la sátira queda a salvo, que lo escriban en la ley. Si no lo escriben, la duda no es un “malentendido”: es el diseño.
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