CDMX.- Enrique Inzunza Cázarez, senador sinaloense ya sin partido, entregó este miércoles su Segundo Informe de Actividades a la Mesa Directiva. Son 104 cuartillas, 99 asistencias, 128 ordenamientos y una frase de Séneca para el recuerdo: “Es prueba de mi rectitud que desagrado a los malos”. Lo que el documento no cuenta, es que desapareció del Senado a finales de abril y no volvió a pisarlo hasta el 1 de septiembre. Cuatro meses, unos 124 días, después de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos pidiera su detención con fines de extradición por presuntos vínculos con Los Chapitos, junto con Rubén Rocha Moya y otros funcionarios sinaloenses. Él rechaza los cargos. El informe, no.
El descaro tiene método. Sheinbaum y su propia bancada le pidieron licencia para enfrentar la indagatoria sin fuero; se negó, se declaró independiente y Morena terminó formalizando su salida. Regresó, se sentó y ahora presume honestidad. El texto omite qué legisló, o no, en el periodo en que el país lo buscaba y él no aparecía. También arrastra en México un señalamiento de acoso sexual contra una jueza, otro expediente que el informe filosófico no se molesta en mirar.
México ya conoce el truco: el ausente rinde cuentas de lo que no hizo y cita a los clásicos para que el silencio suene a virtud. Mientras la solicitud estadounidense sigue abierta y la carpeta de la FGR no se cierra, el Senado recibe un balance de quien prefirió esconderse a dar la cara. Si eso es rectitud, Séneca se está revolcando en la tumba.






