El narcosenador que cobra sin aparecer: Inzunza y el escándalo que Morena tapa
El senador morenista ausente: tres semanas sin aparecer y sigue cobrando
CDMX.- El senador morenista Enrique Inzunza Cázares lleva más de tres semanas sin presentarse al Senado. Ni en la Comisión Permanente ni en el Pleno. Mientras Ricardo Monreal aseguraba el miércoles que “actuaría con responsabilidad” y estaría presente, Inzunza brilló por su ausencia… otra vez. Y sigue cobrando.
Los hechos son claros y verificados: desde que el Departamento de Justicia de Estados Unidos lo señaló —junto a otros funcionarios sinaloenses— por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa y Los Chapitos (acusaciones hechas públicas a finales de abril de 2026), Inzunza desapareció del radar legislativo. Él dice estar en Sinaloa “con su gente buena y honesta”, niega todo y asegura que solo responderá ante autoridades mexicanas. Pero no aparece. Ni una sola sesión.
Morena, mientras tanto, juega con las reglas: usa la “sustitución cruzada” para que otros senadores voten en su nombre. Cuando Movimiento Ciudadano exigió claridad, la respuesta fue que “es práctica parlamentaria”. Traducción: hacemos lo que nos da la gana con tal de proteger al compañero.
El colmo llegó este jueves en el Pleno. La senadora Lilly Téllez explotó frente a la bancada guinda: “¡Qué asco los narcopolíticos!”. Gritos, reclamos y silencio incómodo del lado oficialista.
Esto no es un simple faltazo. Es un escándalo de impunidad descarada. Un legislador acusado por un gobierno extranjero de nexos con el narco sigue recibiendo sueldo del erario, mantiene oficinas abiertas y Morena lo sigue considerando incluso para cargos mayores. Mientras cualquier ciudadano pierde el empleo por faltar tres días, aquí se le permite al senador esconderse en Badiraguato o donde sea y seguir cobrando.
El mensaje es brutal y corrosivo: en este México, el fuero y las lealtades partidistas pesan más que la ley, la transparencia y el mínimo decoro. Inzunza no es la excepción; es el síntoma más reciente de un sistema podrido donde las acusaciones graves se resuelven con ausencias estratégicas y maniobras parlamentarias.
Y el ciudadano de a pie sigue pagando la cuenta. Vergüenza.



