El nepo baby de AMLO huye al fuero: patada en el trasero y reacciones que desnudan a Morena
“¡Huye al fuero, nepo baby!”: Andy López Beltrán renuncia en Morena y corre por diputación segura en Tabasco
CDMX.- Andy López Beltrán, el hijo de Andrés Manuel López Obrador, renunció este lunes a la Secretaría de Organización de Morena y a su lugar en la Comisión Nacional de Elecciones para buscar una diputación federal por el Distrito VI de Tabasco, un bastión morenista donde “caminando gana”, como ya le garantizó Adán Augusto. La carta la mandó directo a Ariadna Montiel. Timing impecable: días antes de las elecciones en Coahuila y después de las derrotas que él mismo operó en Durango y Veracruz en 2025.
El PRI no se aguantó. En redes lo acusaron de no querer “manchar su trayectoria” con otra derrota y de huir del foco. Rubén Moreira, diputado priista, fue más directo: “se convirtió en un personaje incómodo para Morena y le dieron una patada en… ahí donde está pensando”. Jorge Romero, del PAN, remató seco: “su pasado, presente y futuro nos da igual; es una muestra más del derrumbe”.
Dentro de Morena, el coro fue otro. Adán Augusto prometió acompañarlo en campaña aunque no se lo pidiera. Ricardo Monreal le deseó éxito y habló de “congruencia”. Curioso: el mismo Andy que hace años presumía ser “chilango por adopción y convicción” ahora recupera sus raíces tabasqueñas de golpe.
La red estalló con lo obvio. “Busca fuero”, “nepo baby”, “júnior baquetón”, “huachicolero con impunidad”. Nadie compra que sea por amor al pueblo. Es el hijo del fundador que, tras años en la estructura y acusaciones de tráfico de influencias y lujos que chocan con la austeridad de la 4T, elige el distrito más seguro y el manto protector de una curul.
Esto no es una simple rotación. Es el nepotismo que Morena siempre denunció en los demás, servido en bandeja de plata. Un “hijo de” sin victorias propias que abandona el barco cuando apesta a fracaso y corre al fuero antes de que las investigaciones lo alcancen. Claudia Sheinbaum hereda el problema: juniors baquetones y un partido que ya no disimula la dinastía. El mensaje a la militancia es clarísimo: el apellido pesa más que los resultados. Y eso, en un México harto de privilegios, huele a derrota anunciada.




