CDMX.- No hay milagro en la bomba. Mientras el conflicto en Medio Oriente disparó los precios internacionales, el gobierno de Claudia Sheinbaum sostuvo el acuerdo para no vender gasolina regular arriba de 24 pesos el litro y diésel arriba de 27. PetroIntelligence estima que, entre marzo y agosto, esa contención le costó a Pemex 10 mil 541 millones de pesos: 1,756 millones al mes, 57.3 millones cada día, por descuentos en sus terminales. Reforma y Expansión retomaron el cálculo. No es una pérdida oficial desglosada por la petrolera; es la estimación de la consultora. El dato, aun así, encaja con lo que la propia empresa ya advirtió ante la SEC: los controles de precio pueden comerse márgenes, resultados y flujo de efectivo.
El relato oficial vende alivio al bolsillo. La letra chica es otra: no hay partida presupuestal de corto plazo para absorber el golpe, así que lo paga una empresa que ya viene destrozada. En el primer semestre de 2026 Pemex reportó pérdida neta de 27 mil 969 millones de pesos, en un periodo en el que el crudo mexicano se encareció por la guerra y otras petroleras internacionales sí ganaron. A eso se suman los faltantes por huachicol y años de rescates con dinero público. Congelar el precio no desaparece el costo: lo esconde en una paraestatal que el gobierno usa como colchón político.
Llamar “voluntario” al tope es un eufemismo. El gobierno presionó al sector para firmar y renovar el acuerdo, Hacienda mete estímulos al IEPS —este mes el diésel llegó a no pagarlo— y Profeco exhibe quién se sale del techo. El conductor ve 23.67 pesos promedio en la regular. Lo que no ve es que una petrolera con deuda monumental y producción declinante está subsidiando la foto de la estabilidad. No es política energética. Es contabilidad electoral: el precio se aplana hoy y el hoyo se agranda mañana.
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